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Desde su confederación con Castilla, Catalunya ha sufrido un constante y progresivo expolio económico por parte de su, al principio, reino consorte y, posteriormente, conquistador, colonizador y opresor. 


Catalunya se vio en la obligación de contribuir a sufragar parte de los gastos que generaban las guerras que Castilla (no España) mantenía con otros reinos de Europa en los siglos XVI y XVII. La Confederación Catalano-Aragonesa no participó en esas guerras, pero los sucesivos reyes comunes “pidieron” a sus Cortes que contribuyeran con importantes aportaciones a su mantenimiento. 

Después de las tres guerras que Catalunya ha librado contra Castilla buscando su independencia en los siglos XVII, XVIII y XX, Madrid impuso unos durísimos impuestos especiales en calidad de reparación de guerra. 

El agravio fiscal de Catalunya respecto a Castilla-España se ha manifestado en muchos otros campos. Así, por ejemplo, cuando desde Catalunya se impulsó la construcción del ferrocarril, el gobierno del estado no contempló que fuera necesario. Por ello, el primer ferrocarril que existió en la península fue el que unió Mataró con Barcelona (1848) y fue sufragado íntegramente por la población catalana. Lo mismo pasó con las carreteras necesarias para el correcto desarrollo industrial de Catalunya que, ante la pasividad del gobierno del estado, fueron construidas gracias a un arbitrio del 8% sobre el consumo pagado, desde 1848 hasta 1868, sólo por los catalanes, carga fiscal administrada por la Junta de Carreteras de Cataluña y destinada a la construcción de la red de carreteras de Catalunya. Lo mismo ocurrió cien años más tarde cuando el gobierno franquista, ante la demanda catalana, no vio la necesidad de construir autopistas. En consecuencia,  las primeras autopistas del estado español se construyeron en Catalunya financiadas con capital privado y, por ello, son todas de peaje. Una vez vista la bondad de esta vía de comunicación, los distintos gobiernos españoles, tanto del PSOE como del PP, han llenado el estado español de autovías libres de peaje, financiadas con los impuestos de los españoles y de los catalanes, mientras aquí seguimos pagando peajes desde hace más de 30 años. Es decir, los catalanes pagamos nuestras autopistas con los peajes y, además pagamos las autovías españolas con nuestros impuestos.


Aparte de éstos y otros agravios, existe el llamado déficit fiscal, es decir, el porcentaje de los impuestos pagados por los catalanes al estado español que no vuelve en forma de servicios por parte de ese estado. La reivindicación catalana de la corrección del “déficit fiscal” viene de muy lejos. Así, por ejemplo, en 1864, el gobernador civil de Barcelona Antoni Guerola, en carta al ministro de Fomento,  se refería a Barcelona como “la provincia más adelantada de España y la más contribuyente, como que satisface la octava parte del presupuesto del estado”.  En 1871, el diputado carlista Emilio Sicars manifestaba: “Es inútil deciros que en las provincias catalanas se paga mucho, muchísimo más de lo que pueden soportar los elementos de su riqueza; y en cambio no cobramos, siendo así que en Madrid, por regla general, nadie paga y todo el mundo cobra”. A lo que el ministro de Hacienda repuso: “¿No ha visto la fuerza de atracción que hay en los centros para sacar todo cuanto de algún valor existe en las provincias y traerlo a Madrid?”.

Alidous Huxley escribió: "Quizás la más importante lección que nos da la historia es que nadie aprende de las lecciones que da la historia". La sentencia no puede ser más exacta en cuanto a los errores que ha cometido Catalunya respecto a España. Y, concretamente, en lo referente al tema  del déficit fiscal. Sigamos repasando la historia: en 1926, Francesc Macià, futuro presidente de la Generalitat, hacía números en una entrevista en Le Petit Journal de París: "Catalunya separada de España no solo será más feliz en el sentido espiritual, sino en el económico. Catalunya paga anualmente al Estado Español, en impuestos indirectos, más de 700 millones de pesetas. El Estado español le retorna [...] unos 100 millones solamente. Es decir, que extrae de Catalunya un beneficio de 600 millones de pesetas anuales. Si se tiene en cuenta que Bélgica [...] tenia un presupuesto de 600 millones de pesetas, se comprenderá lo bien que se podría vivir en Catalunya".
El 1966 J.M. Batista i Roca escribía en “L'economia catalana i Espanya”: "Según las datos del 1960, cada ciudadano catalán pagaba al Estado 2.943 pesetas y recibía, en servicios públicos, 579. O sea que un catalán pagaba 570 pesetas más que cualquier ciudadano del Estado i recibía de éste 2.015 pesetas menos".
El 2003, Xavier Roig, en “Entre l'Espanya i la paret”, actualiza los datos a euros pero, en pesetas o en euros, la esencia de las relaciones con España no ha cambiado. Escribe Roig: "Nadie puede entender que en 2001 Catalunya haya tenido un déficit fiscal con España de aproximadamente 10.746 millones de euros (un 8,9% del PIB), según publica FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros Españolas). Para que el lector se de cuenta de la magnitud de la tragedia, Xavier Roig expresa las cifras de manera aún más simple: "Esta cantidad da un déficit de 1.780 euros por persona y año (es decir 7.120 euros por cada familia catalana de cuatro miembros, y eso significa un buen coche cada dos años) [...]. I una cantidad que permitiría a la Generalitat edificar cada año 55.000 viviendas y regalarlas! O construir quince líneas de TGV de Barcelona a la frontera francesa cada año. Escandaloso, ¿no?".
1864, 1871, 1926, 1966, 2003.  Si yo fuera historiador probablemente encontraría muchas más citas que hacen hincapié en esta lacerante cuestión.


Existe un texto escrito en 1998 por Úrsula de Serrallonga para Òmnium Cultural que facilita enormemente la comprensión del concepto de “déficit fiscal” y el agravio que supone para Catalunya. He reproducido este texto a partir de la página web (http://www.columbia.edu/~xs23/catala/articles/articles.htm)  del eminente economista Xavier Sala Martín, profesor de la Universidad de Columbia, cuya visita recomiendo ya que sus artículos, claros y amenos, permiten entender muchas de las cosas que actualmente afectan a la economía mundial.


El Déficit Fiscal de Catalunya en España: Un Análisis Divulgativo 


No es el Vampiro quien Da la Sangre 

En un informativo de TVE1 que se emitió en el verano de 1998, se entrevistaba a una pareja de turistas españoles que habían venido a pasar unos días en Catalunya. Estaban dentro del coche, visiblemente irritados. Mientras el marido ponía cara de circunstancias, la señora abroncaba al entrevistador diciendo: "Sé que estos catalanas son unos robagallinas. No solamente van a Madrid a chantajear al gobierno y quedarse cono nuestro dinero, sino que encima, cuando venimos a Cataluña, ¡nos hacen pagar hasta para ir por las autopistas!" Situaciones como ésta son bastante comunes y son el fruto de una campaña de intoxicación de información que se ha llevado a cabo desde varios sectores de la sociedad y la política española. Sin embargo, la verdad es bien distinta: no sólo los catalanes tenemos la desgracia de pagar peajes cada día por ir a trabajar mientras que otros sólo pagan cuando vienen de vacaciones sino que, además, nuestra relación fiscal con el resto del Estado español nos es muy desfavorable puesto que mantenemos un enorme déficit fiscal. No es el vampiro quien da la sangre. De ahí que, en Òmnium Cultural creemos que es importante que la sociedad sepa la verdad y por eso es por lo que hemos creado un documento que intenta explicar el problema del déficit fiscal de Catalunya con España de una manera clara, inteligible y asequible para todo el mundo.


¿Qué significa que Catalunya tiene un Déficit Fiscal con España? 

Toda política económica comporta redistribución de recursos. Cuando un ayuntamiento pone impuestos sobre la propiedad y utiliza el dinero recaudado para asfaltar una calle que acaba siendo utilizada por todos los ciudadanos del pueblo, las familias que tienen más propiedades acaban pagando más dinero que la gente que tienen menos, mientras que acaban disfrutando por igual de la calle asfaltada. De alguna manera, pues, es como si la política del ayuntamiento redistribuyera dinero de las familias que tienen más propiedades a las que tienen menos. Esto es, hasta cierto punto, normal. Los problemas empiezan cuando el ayuntamiento, tras recaudar impuestos de todos los ciudadanos, insiste en gastarse sistemáticamente todo el dinero en un determinado barrio, ya sea porque es el barrio dónde vive el alcalde o dónde éste tiene la mayor parte del electorado. Es entonces cuando una parte de la población tiene derecho a quejarse de un tratamiento fiscal injusto. En las sociedades occidentales similares a la nuestra se puede decir que, en general, la redistribución tiende a ser de los ciudadanos más ricos hacia los más pobres. La razón es bien simple. Por un lado, los impuestos tienden a ser progresivos: quienes más tienen, más pagan. Por otro lado, los servicios que los ciudadanos ricos reciben del gobierno (ya sean escuelas, carreteras, policía, subsidios o el que sea) no tienen porque ser superiores a los servicios que reciben los ciudadanos menos ricos. Lógicamente, lo mismo pasa si en lugar de hablar de ciudadanos hablamos de pueblos, regiones o comunidades enteras. Por ejemplo, todos los pueblos del estado español (incluyendo el catalán) pagan impuestos al gobierno central de Madrid. El gobierno coge el dinero y lo gasta de diferentes maneras. Algunos de estos gastos se hacen en Catalunya. Entre estos hay el dinero que el gobierno central de Madrid da al de la Generalitat por financiar su presupuesto. También se  incluye el dinero que el gobierno central de Madrid invierte directamente en Catalunya a través, por ejemplo, del Ministerio de Fomento o las pensiones que los ancianos catalanes reciben de la seguridad social. Hay otros gastos que no se hacen directamente en Catalunya pero benefician a los catalanes. Un ejemplo de esto sería el salario del ministro de cultura: pese a que el salario se paga en Madrid, en la medida que el ministro hace un trabajo que nos "beneficia" a todos, todos hemos de ayudar a financiarlo. Lo mismo pasa con los gastos militares y muchos otros que se tienen que hacer en la capital del Estado, pero que todos los ciudadanos del Estado tienen que financiar de manera solidaria puesto que también se benefician. A final de año, una vez se han realizado todos estos pagos, es normal que una comunidad como Catalunya se pregunte cuánto dinero ha pagado en impuestos y qué servicios ha recibido a cambio. Al fin y al cabo, en un país democrático todo ciudadano tiene el derecho de saber qué hace el gobierno con su dinero. La diferencia entre todo el dinero que Catalunya paga al gobierno español y todo el dinero que vuelve a Catalunya, de manera directa o indirecta, es lo que se denomina balanza fiscal de Catalunya en relación en España. Cuándo Catalunya paga más de lo que recibe, se dice que Catalunya tiene un déficit fiscal con España. 


La Magnitud de la Tragedia 

Calcular la magnitud del déficit fiscal catalán no es fácil. Y no lo es por dos razones. La primera es que el gobierno de Madrid no publica los datos fiscales, pese a una resolución del "Congreso de los Diputados" que le insta a publicarlas. La segunda dificultad es de carácter técnico. Como ya hemos dicho, una parte del gasto que "beneficia" a los catalanes no se hace directamente en Catalunya sino en Madrid, cosa que complica enormemente los cálculos del gasto territorial que corresponde en Catalunya. Sin embargo, estas dificultades no han impedido que algunos economistas hayan intentado hacer el trabajo que había de haber hecho el gobierno de Madrid y hayan calculado el déficit por su cuenta. Algunos de estos estudios han sido publicados en el libro editado por Òmnium Cultural, "Catalunya i Espanya: Una Relació Económica i Fiscal a Revisar" (ed. Proa, 1998). Estos estudios estiman que el déficit fiscal de Catalunya en España en los últimos años se sitúa entre el 7,5% y el 10% del producto interior bruto catalán. Es decir, de cada 100 pesetas de renta generadas en Catalunya, entre 7,5 y 10 pesetas se van a Madrid a cambio de nada. Para el año 1998, pues, el déficit se situaría entre 1,1 billones y 1,5 billones de pesetas. Lógicamente, podríamos dar números bastante más ajustados si el gobierno central cumpliera la resolución del Congreso y hiciera públicas las balanzas fiscales de todas las comunidades. El dato que a menudo se emplea es el de 1,2 billones de pesetas. Es importante insistir en qué estos 1,2 billones son el déficit fiscal y no todo el dinero que los ciudadanos de Catalunya pagan a Madrid. Los catalanes pagamos más de 5 billones de pesetas, pero esto no es el déficit puesto que la mayor parte de este dinero o bien vuelve a directamente a Catalunya o bien sirve para financiar los gastos del Estado de las cuales, o bien todos nos beneficiamos o bien hemos de ayudar a pagar de manera solidaria. Los 1,2 billones de pesetas son la diferencia entre lo que pagamos y lo que recibimos a cambio. Es decir, es dinero que se va a Madrid...a cambio de nada. Antes de escandalizarnos por el hecho que los catalanes pagamos más de lo que recibimos del gobierno español, hace falta recordar que es normal que los ciudadanos ricos tiendan a pagar más de lo reciben del gobierno. Por lo tanto, como Catalunya es una comunidad relativamente rica, es normal que tenga un déficit fiscal. La pregunta, pues, no es si es normal que Catalunya tenga un déficit fiscal sino si es normal que el déficit sea de 1,2 billones de pesetas. Cuánto dinero son 1,2 billones de pesetas? Las magnitudes macroeconómicas, como los traspasos de los futbolistas, son tan grandes que a menudo se nos hace difícil entender su dimensión real. (Puesto que hablamos de futbolistas, hace falta recordar que el traspaso del Ronaldo al Inter se hubiera podido evitar con 4.000 millones de pesetas. Es decir, con 1,2 billones de pesetas los catalanes nos podríamos comprar 300 Ronaldos cada año!) Una manera sencilla de cuantificar la magnitud del déficit fiscal de manera entendedora es calcular cuánto pagamos cada uno de nosotros. Si hacemos los cálculos, encontraremos que un déficit de 1,2 billones de pesetas representa una media de 800.000 pesetas anuales por cada familia catalana. Dicho de una manera sencilla, pues, se puede decir que la familia típica catalana envía a Madrid unas 800.000 pesetas cada año (unas 66.000 pesetas cada mes)...a cambio de nada. Preguntaos qué haríais con 800.000 pesetas adicionales cada año. Preguntaos qué haríais con 66.000 pesetas extras cada mes. ¿Comprar una casa más grande? ¿Comprar un coche pequeño cada dos años? ¿Comprar un coche grande cada 5 años? ¿Llevar a toda la familia a Disney World (el de Florida, no el de París) cada año? ¿Trabajar menos? ¿Llevar a los niños a las mejores escuelas? ¿Curar el abuelo en los mejores hospitales? "¡No seáis demagogos!", exclamarían ahora los detractores, "¡No digáis esto puesto que, si se eliminara el déficit fiscal, no es cierto que la familia típica recibiría un cheque de 800.000 pesetas cada año!" Y los detractores estarían equivocados: si los catalanes tuviéramos poder de decisión sobre como gastar este dinero podríamos decidir, ¿por qué no?, rebajar los impuestos que pagamos, lo cual aumentaría los ingresos netos de la familia típica catalana en unas 800.000 pesetas cada año. Ahora bien, si los catalanes pudiéramos decidir qué hacer con todo este dinero que ahora se va a Madrid (...a cambio de nada), seguramente no decidiríamos bajar los impuestos. Seguramente los utilizaríamos por hacer obras públicas, aeropuertos, hospitales, escuelas, universidades y otras cosas que el país necesita. ¿Qué se podría hacer con 1,2 billones de pesetas anuales? Un ejemplo que ilumina bastante el significado real de la cifra de 1,2 billones de pesetas nos lo da uno de los milagros urbanísticos más impresionantes que se han visto en la última década: la transformación de Barcelona durante los Juegos Olímpicos del 1992. Barcelona pasó de ser una ciudad gris, sucia, mal comunicada y con poca infraestructura hotelera a ser una ciudad nueva, limpia, guapa y atractiva turísticamente. Esta casi milagrosa transformación, no tan sólo ha permitido a todos los ciudadanos disfrutar de una ciudad mejor sino que ha aumentando el atractivo de la ciudad para turistas y conferenciantes, cosa que está generando mucha riqueza adicional. La pregunta es: ¿cuánto dinero costó todo este cambio? Pues bien, si sumamos todos los gastos relacionados con los Juegos Olímpicos (infraestructuras, aeropuerto, rondas, limpieza de fachadas, calles, estadios, Vila Olímpica, Port Vell, Port Olímpic, etc.), obtenemos un coste total de 800.000 millones de pesetas. Es decir, si en lugar de enviar anualmente los 1,2 billones de pesetas a Madrid (...a cambio de nada), los dedicáramos a inversiones dentro de Catalunya, entonces cada año podríamos hacer un milagro similar al que hemos hecho en Barcelona y aún nos sobrarían 400.000 millones pesetas para construir un parque como Port Aventura-Universal Studios y comprar 40 parejas de hermanos DeBoer cada año. Lógicamente, con los 1,2 billones de pesetas quizás no querríamos hacer unos juegos cada año, bajar impuestos, comprar autopistas, construir parques de atracciones o adquirir parejas de hermanos DeBoer. Durante los próximos cinco años, los catalanes enviaremos a Madrid unos 6 billones de pesetas.  Poner las infraestructuras viarias (carreteras, puertos, aeropuertos) a nivel medio europeo costaría unos 1,5 billones de pesetas.  Recuperar el nivel de infraestructuras culturales y escolares (escuelas, universidades, patrimonio histórico) costaría 1 billón. Enjugar el déficit sanitario (eliminar colas en la sanidad, construcción de más áreas básicas de salud...) podría costar 800.000 millones. Crear estructuras de calidad y de apoyo a la economía productiva (búsqueda y desarrollo, comunicación, apoyo a las PIMEs) costaría otro billón. Sumado todo, vemos que la eliminación del déficit podría comportar que Catalunya se pusiera a nivel europeo en cuestión de cinco años, y aún nos sobrarían unos 1,7 billones para rescatar las autopistas, bajar los impuestos o ser solidarios con las regiones pobres de España o Europa. Lo que es importante entender es que la magnitud del déficit fiscal que Catalunya tiene con España es exorbitante y desmesurada y que si se invirtiera este dinero en Catalunya, el panorama económico de nuestro país cambiaría de manera radical. 


¿Por qué se produce el déficit fiscal? 

Hasta cierto punto, el monumental déficit fiscal de Catalunya no es fruto de una decisión consciente del gobierno de Madrid que dice: "tomaremos 1,2 billones de pesetas de los catalanes y los daremos a las comunidades españolas". Catalunya forma parte del sistema fiscal español y, por lo tanto, estamos sujetos al mismo sistema de impuestos. Es decir, si un ciudadano de Extremadura cobra lo mismo que un ciudadano de Catalunya, pagará los mismos impuestos. Desde este punto de vista, pues, no se puede decir que el ciudadano catalán esté discriminado. Ahora bien, como que el ciudadano medio catalán gana más que el ciudadano medio extremeño, paga más dinero en impuestos puesto que el sistema impositivo español es progresivo. Y decimos "hasta cierto punto" porque los catalanes tenemos que tener poder de decisión sobre los impuestos que queremos pagar. Nosotros, como país, tenemos que poder regular al menos una parte importante de los impuestos que nuestras familias, nuestras empresas y nuestros trabajadores pagan puesto que esto afecta no sólo al bienestar de nuestro pueblo sino la productividad de nuestra economía.

El tema del gasto y la inversión pública, empero, es bien distinto. El gobierno central tiene la capacidad de decidir si hace gastos e inversiones públicas en un pueblo o en otro, en una ciudad o en otra o en una comunidad o en otra. Y es esta discrecionalidad la que genera déficits fiscales más o menos grandes y la que puede dar lugar a agravios comparativos. Tal y como pasa en el ejemplo del pueblo que hemos mencionado antes, si el gobierno cobra de todos los ciudadanos pero hace un gasto desproporcionadamente elevado en las regiones que le interesa (por razones electorales o por simple favoritismo), entonces se pueden producir déficits fiscales injustos e inaceptables. Y esta es aproximadamente la situación que genera el déficit fiscal catalán. Por ejemplo, pese a que Catalunya tiene el 16% de la población estatal, representa el 20% del PIB y aporta el 23% de los impuestos, la inversión regionalizada del Estado en Catalunya, en la etapa 1982-1998, ha significado tan sólo el 8,5% del total. Y es este trato discriminatorio la causa principal del espectacular déficit fiscal catalán. 


En Una Palabra: Injustificable 

Una vez explicado qué representa tener un déficit de 1,2 billones, nos tenemos que preguntar si esta situación es normal, justa o justificable. Ya hemos dicho que es normal que las comunidades ricas tengan déficits fiscales. Por lo tanto, en la medida que Catalunya es relativamente rica y que actualmente es parte de España, será normal que Catalunya tenga un déficit fiscal. La pregunta no es si se puede justificar que Catalunya tenga un déficit fiscal con España, sino si es justo que la dimensión de este déficit se acerque a los 1,2 billones de pesetas. Algunos políticos y medios de comunicación han intentado justificar esta magnitud de diferentes maneras que pasamos a discutir. 


Primera "Justificación": El Déficit es Normal en un Contexto Internacional  

Una manera de justificar el déficit fiscal catalán es decir que hay muchas regiones europeas que tienen déficits fiscales similares. Normalmente, quienes argumentan esto dan algunos datos de regiones ricas alemanas y muestran que, efectivamente, tienen déficits similares. Sin embargo, la comparación no se tiene que hacer con las regiones ricas de Alemania sino con las regiones europeas que tienen un nivel de riqueza similar al de Catalunya, y esto es lo que hacemos en el Cuadro 1. En la primera columna se ve la renta por persona de cada comunidad. Vemos que, si ponemos que Europa tiene una renta media de 1, Catalunya tiene una renta de 0.93. Es decir, ¡la renta per cápita catalana no llega a la media europea! Las regiones que tienen una renta más o menos similar son las listadas en la tabla. Por ejemplo, la Aquitania francesa tiene una renta algo superior a la nuestra mientras que la región de Mediodía-Pirineo francesa tiene una renta algo inferior. La segunda columna muestra el déficit fiscal que cada una de estas regiones tiene con sus gobiernos centrales respectivos como porcentaje de su PIB.  Como ya hemos señalado, el déficit fiscal de Catalunya respecto de España se aproxima al 10% del PIB (un número negativo significa déficit, mientras que un número positivo significa superávit fiscal). Vemos que, de las 14 regiones mostradas, 9 tienen un superávit fiscal. De las restantes, ninguna región tiene un déficit superior al 3% del PIB y sólo dos regiones tienen un déficit superior al 2%. Un déficit fiscal, que en Catalunya ronda el 10% del PIB, no se puede justificar de ninguna forma si hacemos una comparación internacional con las regiones europeas de renta similar. 


PIB per Cápita =

1)Sald o Fiscal

(% del PIB)


Catalunya 0.93 -9.76%


Aquitània(França) 0.95 2.31%



Migdia-Pirineus (França) 

0.9

5.21%

Provença-Alps (França)

0.95

1.30%

Abruços (Itàlia)

0.91

13.65%

Úmbria (Itàlia)

1

1.08%

Suècia Oest (Suècia)

0.95

-1.22%

Suècia Sud (Suècia)

0.94

0.73%

Yorkshire (Regne Unit)

0.91

0.44%

East Midlands (Regne Unit)

0.93

-0.46%

South West (Regne Unit)

0.94

0.29%

Escòcia (Regne Unit)

0.97

5.49%

Rheinland-Pfalz (Alemanya)

1.01

-2.92%

Niedersachsen (Alemanya)

1.04

-1.13%

Lisboa-Vale do Tajo (Portugal)

0.94

-1.95%

 


CUADRO 1: DÉFICIT FISCAL Y PIB DE REGIONES EUROPEAS COMPARABLES en CATALUNYA. Fuente, "Catalunya y España: una relación fiscal a revisar" página 145, Òmnium Cultural, Editorial Proa, 1998 . 


Podríamos comparar cada región de Europa, no con la media europea sino con la media de las regiones del estado al qué pertenecen. En este sentido, Catalunya tampoco sale demasiado bien parada. La renta para cápita catalana es un 20% más alta que la media española. Entre las regiones que tienen un 20% de renta más que la media de sus países hay la Ille de France, la Emilia-Romaña y la Lombardía italianas, Baviera y Baden-Württemberg alemanas, el South East británico y Estocolmo sueco. Pues bien, entre todas estas regiones, sólo las dos italianas tienen déficits fiscales comparables a los catalanes (y todos sabemos de las quejas que la Lombardia italiana hace de los excesivos déficits fiscales en relación en Italia). 

Sin dejar las comparaciones internacionales, hay quienes dicen que es normal que en España haya más redistribución porque los "desequilibrios regionales" en España son más grandes que los de otras países europeos. Esta afirmación tampoco se ajusta a la realidad. Un estudio de la Comisión Europea calcula una media de tales "desequilibrios regionales" y muestra que el país más "desequilibrado" es Alemania con un coeficiente de 32,7, seguida de Francia (27,2), Italia (24,5), Reino Unido (19) y España (15). Por lo tanto, las comparaciones internacionales de desigualdades de rentas regionales no justifican el colosal déficit fiscal catalán. 


Segunda "Justificación": El Déficit nos Interesa por Financiar el Superávit Comercial

Una segunda justificación a menudo apuntada por economistas y observadores dice que el déficit fiscal es bueno en Catalunya puesto que potencia las ventas de productos catalanes en España. Este argumento se expresa de diferentes maneras. Todos hemos oído decir: "Como que España es el principal mercado de los productos catalanes, el déficit fiscal beneficia la industria catalana porqué aumenta el nivel de vida de sus principales compradores", "no se puede hablar de déficit fiscal sin tener en cuenta la balanza comercial", o bien "Catalunya no se puede quejar del déficit fiscal y no mirar las ganancias que obtiene de vender en el mercado español". 

Pese a que estos argumentos están a menudo rodeados de una retórica económica que los hace parecer ciertos, son argumentos absolutamente insostenibles: a Catalunya NO le interesa tener un déficit fiscal para financiar un superávit comercial. Vamos por partes. 

La balanza comercial es la diferencia entre lo que Catalunya vende en España y lo que España vende en Catalunya. Como que Catalunya vende a España más que lo que compra, se dice que Catalunya tiene un superávit comercial. Hay que decir que cuándo los consumidores españoles compran productos catalanes lo hacen de manera voluntaria e intercambian su dinero por mercancías catalanas: el dinero va de España a Catalunya y, a cambio, las mercancías van a España. Hay gente que, siguiendo este razonamiento, cae en la tentación de decir: si los españoles no tuvieran dinero, no nos comprarían productos. Y esto es bien cierto. Lo que no es en absoluto cierto es que esto quiera decir que nos interese darles dinero (a cambio de nada) por qué nos puedan comprar: a ningún tendero catalán le interesa salir a la calle a regalar billetes de mil para que la gente entre a comprar sus productos. Es cierto que si lo hiciera vendería más. Pero no es cierto que le interese. Y no le interesará por dos razones. 

Primera, si regala dinero a la primera señora que pasa, no tiene ninguna garantía que esta señora gaste ese dinero en su tienda (los españoles pueden decidir NO gastar el dinero que les regalamos en productos catalanes. De hecho, ellos se gastan solo una pequeña parte de su dinero en productos catalanes. Por cada 1000 pesetas que las regalamos, ellos sólo se gastan 100 en Catalunya. El negocio no parece tan bueno). 

Segunda, incluso en el supuesto de que se gastaran todo el dinero en nuestros productos, no nos interesaría regalarles el dinero. ¿Cree alguien que a alguna tendera le interesa regalar 10.000 pesetas a cambio que la persona que recibe el regalo se gaste las 10.000 pesetas comprándole unos pantalones? Claramente no, puesto que la tendera tiene que calcular que, antes del regalo, tiene 10.000 pesetas más unos pantalones. Tras el operación sólo tiene las 10.000 pesetas por lo cual, en el total de la operación, no sólo no ha ganado nada si no que, además, ¡ha perdido los pantalones! Puede que le guste regalar pantalones, pero de ninguna forma es cierto que le interese regalar dinero para aumentar las ventas. Lo qué sí que es cierto es que a los catalanes nos interesa que nuestros clientes sean ricos. Todos los comerciantes saben que venden más si los clientes tienen dinero. Ahora bien, ¿qué hacen los comerciantes cuándo los clientes no tienen dinero y quieren vender? Pues dan un crédito. Y si Catalunya quiere vender productos a ciudadanos españoles y estos no tienen dinero, lo que nos interesaría hacer no es darles dinero a través de déficits fiscales sino hacer préstamos. Si lo hiciéramos así, los flujos comerciales entre Catalunya y España serían idénticos a los que hay ahora. La diferencia es que al final del operación los catalanes seríamos los propietarios de unos activos financieros que los españoles nos tendrían que devolver. Los catalanes podríamos ser los propietarios de innumerables negocios por toda España. Es más, Barcelona podría ser el centro financiero europeo que no es, a diferencia de Milán o Frankfurt (dos ciudades que, como Barcelona, no son capitales de Estado y son centros financieros importantes). En definitiva, pues, el déficit fiscal no se puede justificar con el argumento que nos interesa para ampliar nuestros mercados. Quizás querríamos tener déficit por otras razones, pero no porque nos interese económicamente. 


Tercera "Justificación": Catalunya tiene una Deuda Histórica que tiene que Devolver 

Una tercera justificación que a menudo se propone para la existencia de un déficit fiscal de 1,2 billones de pesetas dice que la industria catalana se desarrolló en el siglo XIX y principios del XX gracias al proteccionismo del gobierno español: el gobierno español cerraba las fronteras y no dejaba que los productos de otros países europeos entraran al mercado español, cosa que daba un privilegio a los productos catalanes. Gracias a esto, diría el argumento, la industria catalana se desarrolló y Catalunya adquirió una deuda histórica con España. El déficit fiscal, dicen los defensores de esta idea, es una compensación por esta deuda adquirida. Desafortunadamente, este argumento tampoco justifica un déficit fiscal de 1,2 billones de pesetas por varias razones. Primera, es cierto que la industria catalana se desarrolló en el época en qué España era proteccionista. Ahora bien, esto no quiere decir que se desarrollara gracias al proteccionismo español. De hecho, otras muchas industrias de otros muchos países se desarrollaron justo al mismo tiempo. ¿Quiere decir esto que le adeudan dinero al gobierno español? No.  Segunda, más importante que las industrias que se desarrollaron en cualquier parte del mundo, es interesante ver las que NO se desarrollaron. Al fin y al cabo, el proteccionismo español protegía tanto los vendedores catalanes como los castellanos o extremeños. ¿Cómo es que en esos otros lugares no se desarrolló la industria tanto como en Catalunya? ¿No será que, más que el proteccionismo del gobierno, lo que desarrolló la industria catalana fue la iniciativa y la creatividad del empresario catalán y la fuerza del trabajador catalán? Si es así, ¿a santo de qué tenemos una deuda histórica? Tercera, además de una política proteccionista, el gobierno español de la época tenía otras políticas económicas, muchas de las cuales perjudicaban ostensiblemente Catalunya. Dos ejemplos son los elevados impuestos de transmisiones patrimoniales y el descarado favoritismo por grandes industrias y monopolios que perjudicaban la pequeña empresa catalana. Quizás en lugar de decir que la industria catalana nació y creció gracias al gobierno español tendremos que concluir que lo hizo a pesar del gobierno español. Cuarta, ya hemos señalado que es normal que Catalunya tenga un déficit fiscal porqué es una comunidad rica. Lo que hace falta justificar es que el déficit sea de 1,2 billones y no hay nada en el argumento de la "deuda histórica" que nos ayude a justificar esto. Es decir, suponiendo que tengamos una deuda histórica, ¿por qué tenemos que pagar 1,2 billones anuales y no 0,1 billones o 50 billones? Hasta que no se mida correctamente la deuda histórica no podemos decir qué es el pago "justo" que tenemos que realizar para devolver la supuesta deuda y, por lo tanto, este argumento es poco útil como justificación de la magnitud de nuestro déficit fiscal. 


Cuarta "Justificación": Catalunya tiene que ser Solidaria con las Regiones Pobres de España 

Hay quien dice que tenemos un déficit fiscal, "no porque nos interese para ampliar mercados, ni porque tengamos una deuda histórica, sino porque queremos ser solidarios con nuestros compatriotas ‘menos afortunados’. Al fin y al cabo, a nadie le gusta vivir en un estado dónde las diferencias de riqueza sean muy grandes. Y el déficit fiscal es una manera de reducir estas diferencias que hay entre las regiones españolas".  En este sentido, los defensores del concepto de solidaridad entre comunidades autónomas dirían que no es que Catalunya dé 1,2 billones de pesetas a cambio de nada, sino que las da "a cambio de formar parte de una sociedad unificada que se llama España". Este argumento tampoco justifica el déficit fiscal que Catalunya mantiene con España. Para empezar, hay que recordar que el concepto de solidaridad se ha de aplicar para con las personas y no para con las regiones o las comunidades autónomas. En este sentido, vale la pena recordar que, aun cuando es cierto que hay diferencias de renta media entre Catalunya y otras comunidades del Estado español, también es cierto que estas diferencias son mínimas si las comparamos con las grandes diferencias que hay entre las personas de dentro de Catalunya. Catalunya es de las comunidades donde la renta para cápita antes de impuestos y transferencias es más igual. Ahora bien, una vez contados los impuestos y las transferencias, la renta para cápita entre las personas en Catalunya es de las más desiguales de España, lo cual quiere decir que los impuestos pagados por los catalanes ricos van a parar a los ricos de otras comunidades y no a los pobres de Catalunya. De hecho, los estudios económicos indican que si elimináramos las diferencias de renta entre las comunidades españolas, sólo eliminaríamos el 11% de las diferencias de renta entre las personas. Si lo que queremos es combatir la desigualdad de renta entre las personas, entonces lo que tendremos que hacer es invertir 1,2 billones de pesetas a las zonas más pobres de Catalunya y no regalar ese dinero a otras comunidades para que éstas se lo puedan gastar en ampliar aún más sus sobredimensionadas burocracias. Segunda, la solidaridad es un concepto que a menudo se emplea sin entender demasiado bien qué quiere decir. La solidaridad se da cuando una región A (Catalunya) ve que las regiones B y C con quien se siente identificada (por ejemplo, las regiones de España), están en una situación mala o desesparaada y decide voluntariamente darles dinero sabiendo que recibirá ayuda de estas regiones cuando la situación sea a la inversa. Hay cuatro aspectos de esta definición que hay que resaltar: (1) los catalanes se tienen que sentir identificados con los españoles en un proyecto común de estado, (2) los catalanes tienen que ver que España está en una situación mala o desesperada, (3) los catalanes tienen que decidir dar el dinero de manera voluntaria y (4) los catalanes tienen que saber que, de vez en cuando, la solidaridad se producirá también a la inversa. 

Diferentes ciudadanos de Catalunya se sienten identificados con España de maneras distintas, por lo cual sería inútil discutir aquí si "el pueblo" catalán se identifica o no con el español. Lo que está más claro es que se hace difícil argumentar que España se encuentra en una situación mala o desesperada, cuando algunas de sus comunidades deciden, de manera unilateral, adoptar medidas tan caras como la jornada de 35 horas, el aumento de las pensiones de sus ciudadanos o el medicamentazo. El aspecto de voluntariedad también es importante puesto que no sólo no se ha preguntado nunca a las familias de Catalunya si realmente quieren dar 66.000 pesetas cada mes... para ser solidarios, o si prefieren dar sólo 10.000 o, como dice el anuncio, 100 pts al día. Y finalmente, la solidaridad es un concepto que funciona en las dos direcciones mientras que la situación española en los últimos 60 años sólo parece ir en una dirección: unos siempre salen ganando y los otros siempre salen perdiendo. ¿Cómo es que los españoles no son solidarios con los trabajadores catalanes que tienen que pagar peajes para ir a trabajar?, ¿Cómo es que el gobierno de Madrid no es solidario con el pueblo catalán cuando ve que las multinacionales cinematográficas ignoran y maltratan nuestra lengua? 

Habría que pensar que dos de las condiciones para describir la situación actual como "solidaridad" serian que, como mínimo, se reconociera que el esfuerzo existe, haciendo públicos los datos que, por ahora, el gobierno español intenta esconder y que no se acusara a los catalanes de "robar" el dinero de los ciudadanos del Estado español, tal y como creía la señora entrevistada por TVE1 que ya hemos mencionado. 

Un problema con las "ayudas" interregionales es que no parece que funcionen demasiado bien. Los estudios recientes de la evolución de las economías regionales de la comunidad europea, los Estados Unidos o Canadá demuestran que las "donaciones a cambio de nada" como las que representan los déficits fiscales no han servido para reducir las disparidades entre las regiones. De hecho, a partir de la introducción de los fondos de cohesión europeos (fondos que se crearon, precisamente, para hacer que las regiones más pobres de Europa convergieran hacia las más ricas), el proceso de convergencia real se ha parado. Otros estudios muestran que incluso quizás se tendría que hacer lo contrario: la mejor manera que las comunidades del sur de España vayan bien es que Catalunya vaya bien, puesto que es el motor económico del Estado. En este sentido, regalar 1,2 billones de pesetas cada año puede ser malo tanto para Catalunya como para estas comunidades. Pero el problema principal de la justificación del déficit en términos de "solidaridad" es que en ningún diccionario aparece la definición de solidario atada al número 1,2 billones. Ya hemos dicho que nadie discute que Catalunya tiene que mantener un déficit fiscal con España porque es una comunidad relativamente rica. Lo que estamos intentando averiguar, por lo tanto, no es el signo sino la magnitud que tiene que tener nuestra balanza fiscal. Decir que Catalunya tiene que ser solidaria no justifica que el déficit sea de 1,2 billones y no de 0,5 billones o incluso 0,1 billones de pesetas. Quienes defienda la idea que Catalunya tiene que ser solidaria deben explicarnos cómo el concepto de solidaridad justifica un saldo de 1,2 billones y no cualquier otra cantidad. Y esto no lo ha hecho nadie. 


El Coste Real del Déficit 

El déficit fiscal de Catalunya con España representa un importante drenaje de recursos que tiene unos costes sociales y económicos que pueden llegar a ser muy importantes. 

En la vertiente social, a menudo se dice que el déficit hace que Catalunya sea solidaria con las comunidades del estado español y se olvida que en Catalunya mismo hay mucha pobreza. Càritas estima que en Catalunya hay 900.000 personas que viven en situación de pobreza. Las encuestas de presupuestos familiares encargadas por el gobierno español señalan que las provincias más ricas y más industriales es dónde hay más bolsas de pobreza. En este sentido, la sociedad catalana tiene que poder elegir ser solidaria con la gente de casa antes de serlo con la gente de fuera. No es justo que el dinero que tendría que servir para ayudar a los catalanes con menos recursos acaben financiando burocracias sobredimensionadas de otras comunidades. 

En el plan económico, la creación del euro ha eliminado la última red de protección económica que tenía el gobierno: la política monetaria. A partir de ahora, las empresas, los trabajadores, los consumidores y todos los ciudadanos de Catalunya tienen que competir en Europa a sabiendas de que, cuando las cosas no vayan bien, la política monetaria no podrá salvarlos. Por lo tanto, pese a que el euro representará muchos beneficios en Catalunya, también introducirá grandes retos que nos obligarán a ir con mucho cuidado. Es cierto que empresarios, trabajadores, consumidores, políticos, estudiantes, investigadores y todos los ciudadanos de Catalunya habrán de hacer esfuerzos por qué el país pueda competir. Y también es cierto que el gobierno de Catalunya tiene que garantizar a los ciudadanos que podrán competir en igualdad de condiciones. En este sentido, es el gobierno quien tiene que garantizar que las infraestructuras y los servicios públicos de qué disfrutan los catalanes estén a la altura de aquellos de qué disfruta la competencia europea. Los últimos estudios económicos muestran que nos estamos quedando atrás: líneas de metro que nunca se construyen, trenes de alta velocidad que nunca llegan, tercera pista a el aeropuerto que nunca empieza, ampliación de los puertos más importantes que no se acabarán hasta el 2010, desdoblamiento de carreteras congestionadas que no se llevan a cabo, rondas colapsadas a los pocos años de ser construidas y universidades infradotadas que no pueden ofrecer lo que la industria necesita son sólo algunas de las señales de alarma que nos avisan que podríamos estar empezando a perder el tren de Europa. Ya hemos dicho que la eliminación del déficit nos podría poner a nivel europeo en todos estos ámbitos en cuestión de cinco años. El actual déficit fiscal está ahogando la economía catalana, pero lo más curioso del caso es que también puede estar perjudicando seriamente el economía española puesto que Catalunya es el motor económico del Estado. Estrangular la economía catalana es como matar la gallina de los huevos de oro

Algunos observadores dicen que la solución al problema fiscal es la de dejar los impuestos tal y como están y que el gasto público por habitante sea el mismo en toda España. Como que, en la actualidad, el gasto por habitante que hace el gobierno central en Catalunya está por debajo del que hace en resto de España, esto seria, ciertamente, una buena manera de empezar. Pero no sería, en absoluto, la solución a los problemas de Catalunya. 

Para empezar, las zonas dónde hay más actividad económica necesitan más infraestructuras públicas (si hay más camiones, se necesitan más carreteras). Por lo tanto, la igualación del gasto por habitante conducirá a deficiencias crónicas en las zonas, como Catalunya, dónde hay más actividad. Más importante aún, en un mundo de libertad y democracia como el que vivimos, todo individuo debe tener el derecho de decidir si quiere llevar sus niños a una buena escuela o si quiere llevar los ancianos a un buen hospital cuando estos se ponen enfermos, siempre y cuando se lo pagan ellos mismos. De manera similar, una sociedad como la catalana tiene que tener el derecho de decidir si quiere tener un buen sistema de escuelas públicas, unos buenos hospitales, unas buenas universidades, unos buenos aeropuertos, unas pensiones más decentes y una gran red de carreteras si, como sociedad, lo quiere y se lo puede pagar con su dinero. Para conseguir esto, una sociedad necesita tener poder de decisión sobre qué y cuántos impuestos quiere recaudar y sobre como administrar el propio gasto público. Catalunya, y esto no lo negamos, tiene que ser solidaria y ayudar a pagar los gastos que el gobierno del Estado tiene que hacer e incluso debe ayudar a las regiones más pobres del estado. Sin embargo, una vez hecho esto, los catalanes debemos tener la libertad de decidir cuántos impuestos adicionales pagaremos y como gastaremos el dinero recaudado. Porque los catalanes tenemos que poder tener, si así lo decidimos y si lo queremos y podemos pagar, las mejores escuelas de España, los mejores hospitales de Europa, y las mejores universidades del mundo. También tenemos que poder decidir que nuestros ancianos cobren unas pensiones superiores a las que cobran otros ancianos de otros lugares y tenemos que poder entrar en el Siglo XXI, el siglo de la globalización, en condiciones que nos permitan, no sólo sobrevivir, sino competir en igualdad de condiciones con franceses, alemanes, japoneses y americanos. Por todo esto, los catalanes tenemos que pedir que una parte más grande del dinero que nuestros ciudadanos, nuestros empresarios y nuestros trabajadores generan con su esfuerzo se queden en Catalunya y se utilicen en beneficio del pueblo catalán. No se trata de un problema folclórico. Se trata de nuestro futuro y de la supervivencia de nuestra economía y de nuestro pueblo. 


Decía el profesor Tremosa, insigne economista catalán, que existe una sentencia universalmente aceptada por los economistas que dice que el bienestar de los ricos de las regiones pobres se sustenta en la falta de bienestar de los pobres de las regiones ricas. 


Reproduzco a continuación un artículo publicado por Sílvia Hinojosa en La Vanguardia el día seis de febrero de 2005 que nos permite ver, de forma práctica, cual es la repercusión del déficit fiscal en la vida diaria de los catalanes:


Enviar una nave a Saturno ha sido la misión más grande y costosa lanzada al sistema solar: 3.270 millones de dólares (2.540 millones de euros), según el presupuesto con el que han contado la NASA y la Agencia Espacial Europea para poner la sonda Huygens rumbo a Titán. Es una operación de envergadura, pero la Generalitat estaría en condiciones de enviar más de cuatro naves a Saturno, cada año, si dispusiera del dinero que los catalanes aportan en impuestos al resto de España y no vuelve. Es sólo un juego matemático, pero los 11.307 millones de euros en que el comité de expertos consultados por la Generalitat ha fijado el déficit fiscal de Catalunya en el 2001 (último año del que hay estadísticas suficientes) darían para mucho. Por ejemplo, para financiar en un solo año la ampliación del aeropuerto del Prat (3.816 millones de euros) y para construir el tramo del AVE desde Lleida hasta la frontera francesa (5.921
millones), y aún quedaría dinero para volver a hacer el Fòrum (1.739,33 millones de inversiones en la infraestructura) e incluso para tener una aerolínea de bandera (los socios de Vueling Airlines pusieron en marcha la compañía con 30 millones hace un año).
El informe al que se hace referencia fue presentado esta semana y ha sido elaborado por un equipo de trece economistas, que recibieron el encargo del Gobierno de la Generalitat y de los grupos parlamentarios de determinar un valor de referencia del déficit de Catalunya. Según sus conclusiones, el déficit fiscal (la diferencia entre lo que Catalunya aporta al Estado y lo que recibe en forma de inversiones y servicios) se situó en 2.724 millones de euros en 1986, una cifra que
representó el 7,7% del producto interior bruto catalán, y ha crecido -a excepción de algunas oscilaciones de 1992 a 1995- hasta los 11.307 millones de euros del 2001, el 9,2% del PIB.
El trabajo del comité precisa que ese déficit fiscal del 9,2% se refiere al flujo monetario, que el informe considera "el más correcto para analizar la influencia de la acción del sector público sobre el crecimiento económico de una región". Según este criterio, los catalanes aportaron 36.240 millones de euros al Estado, de los que
revirtieron 24.932 millones, lo que situó el déficit fiscal en 11.307 millones. El documento muestra otro cálculo -que no toma en consideración- a través del flujo del beneficio, y que ofrece un saldo negativo inferior: con este enfoque, los catalanes aportaron en el 2001 36.240 millones de euros, de los que revirtieron 27.833, lo que ofrece un déficit fiscal de 8.407 millones, el 6,8% del PIB.
A partir de estas cifras, La Vanguardia ha realizado un juego comparativo sobre los prodigios que podrían financiarse con el dinero del déficit fiscal catalán.


PENSIONES. El año 2001 el déficit fiscal catalán superó al gasto total en pensiones de ese año en Catalunya. Si se acepta como una fantasía y no como demagogia podría afirmarse que con los 11.307 millones de euros que los catalanes aportaron al resto de España, se habrían podido doblar las pensiones a todo el mundo. De un total de 9.658.051 millones, 1.191 millones se destinaron a pensiones por incapacidad permanente, 6.672 millones por jubilación, 1.684 por viudedad y 109
por orfandad y favor familiar.

FONDOS DE LA UE. España recibió de la Unión Europea, en el 2001, 5.964 millones de euros en fondos estructurales y de cohesión, una partida que se destina íntegramente a la inversión. La cifra es la mitad del déficit catalán de ese año. Siguiendo con la matemática ficción, los catalanes aportaron a España el doble que la UE. Y todo apunta a que la diferencia irá en aumento, ya que la aportación europea disminuye, como resultado del mayor desarrollo de la economía española.

JUEGOS OLÍMPICOS. La celebración de los Juegos de Barcelona tuvo un coste de un billón de pesetas, aproximadamente la mitad del déficit fiscal catalán en el 2001; es decir, que Catalunya podría pagarse dos olimpiadas cada año. Otra cosa sería cómo soportar tantas obras.

FAMILIAS. De acuerdo con las cifras del informe de los expertos, la factura del déficit para cada catalán en el periodo 1997-2001 ascendió a 7.570 euros. Es decir, que a una familia de cuatro miembros, el coste del déficit le supuso 33.280 euros. Con este dinero, habrían podido comprar un apartamento en l´Estartit, amueblado y con piscina comunitaria, que en marzo de 1997 se anunciaba en los Clasificados de La Vanguardia por 5 millones de pesetas a pagar en cinco años.

DEUDA. El endeudamiento de la Generalitat, es decir, la deuda a largo plazo contraída, es de 10.859,4 millones de euros, equivalente al 7,3 por ciento del PIB. Esto significa que con el dinero que Catalunya paga en un año al resto del Estado tendría de sobras para pagar todas sus deudas, como si con el sueldo de un año una familia pudiera saldar la hipoteca del piso, las letras del coche y un crédito personal.

IMPUESTOS. En el año 2001 los catalanes pagaron en concepto de IRPF un total de 9.092,2 millones de euros, una cifra inferior al déficit fiscal registrado ese mismo año. Con los 11.307 millones de euros del déficit fiscal de ese ejercicio llegaría para pagar el impuesto sobre la renta de todos los catalanes y aún sobrarían más de 2.000 millones.

INFRAESTRUCTURAS. Con el dinero del déficit fiscal podrían financiarse tres grandes obras que están en curso. Una es la línea del AVE de Lleida a Francia, presupuestada en 5.921 millones de euros, de los que el Ministerio de Fomento debe aportar 3.500. Otra, la ampliación del aeropuerto del Prat, estimada en 3.816 millones, de los que el Estado aporta 1.800. La tercera, la ampliación del puerto de Barcelona, que cuesta 3.816 millones, de los que Fomento paga 900.

CINE. En el año 2001, los presupuestos de la Generalitat destinaron al Departament de Cultura 195 millones de euros, una cifra que no daba para superproducciones de Hollywood. El señor de los anillos costó ese año más de 235 millones de euros y Harry Potter y la piedra filosofal, 97 millones de euros. Pero con el importe del déficit fiscal de ese año, calculado en el triple -11.307 millones-, Catalunya ya habría podido pagarlo. Incluso podría comprar los estudios Metro Goldwyn
Mayer, cuya venta se calculó en 5.000 millones de dólares (3.890 millones de euros) en septiembre pasado.

OTROS SUEÑOS. Además de financiar el envío de la sonda Huygens a una luna de Saturno (2.540 millones de euros), Catalunya podría construir un transatlántico como el Queen Mary 2,el más largo, más alto, más pesado y más costoso en la historia de la navegación, cifrado en 620 millones de euros. Pero siendo prácticos, mejor sería liquidar el déficit sanitario (3.000 millones acumulados y 500 millones más cada año), construir escuelas, o más autopistas: a seis millones de euros el kilómetro, casi 1.500; es decir, atravesar el país de punta a punta varias veces y sin peajes.


El lector puede sacar sus propias conclusiones. Es evidente que una Catalunya independiente de España tendría un nivel de bienestar similar al de países como Suiza, Bélgica, Holanda o Dinamarca. Señalemos que en 2007, el déficit fiscal catalán se ha calculado ya en 19000 millones de euros. Suma y sigue.

Resulta indignante pensar que, además, cada vez que Catalunya ha reclamado una modificación del injusto régimen fiscal al que está sometida, ha sido calificada por muchos políticos e intelectuales españoles de “pedigüeña”, “insolidaria”, “egoísta”, “chantajista”y otras lindezas que son fáciles de encontrar en las hemerotecas.

Dos actuaciones son importantes, por un lado restituir el honor de Catalunya reconociendo su importantísima contribución al bienestar de muchos ciudadanos españoles en detrimento del bienestar de muchos catalanes, a lo largo de siglos. Por otro lado, el estado español, una vez reconocida esta contribución y demostrada la situación de ahogo económico que está viviendo la sociedad catalana actual, ahogo que repercute de manera cruel en las capas más desfavorecidas de la sociedad catalana, debe proceder a la inmediata corrección del régimen fiscal catalán.


En 2005, Quim Torrent publicó un artículo en el diario Avui explicando las claves del déficit fiscal catalán. Lo reproduzco:


Las 15 claves del déficit fiscal

El déficit fiscal se ha convertido en el principal obstáculo para al desarrollo económico y social de Catalunya. A menudo, empero, el lenguaje técnico que se utiliza cuando se habla de déficit, balanzas fiscales o otros términos relacionados confunde más que no aclara. Es por esto que hemos intentado sintetizar en 15 puntos los aspectos fundamentales que han conducido a la Generalitat a vivir permanentemente ahogada.

1- ¿Qué se entiende por déficit fiscal?
Las políticas económicas de todos los gobiernos se utilizan para distribuir los recursos. Las diferentes administraciones recaptan impuestos sobre la propiedad, el capital o los beneficios y pagan unos servicios a la comunidad. De esta forma, los que tienen más propiedades, capital o beneficios pagan más que los más pobres, de manera que los recursos generados para una ciudad o un país se distribuyen  equitativamente entre las personas. El problema viene cuando el dinero que recauda aquel país lo invierte sólo en un territorio y deja de aportar recursos a otros territorios que con sus impuestos han contribuido a la caja del Estado. En este momento se produce déficit fiscal. Esta es la situación con que se ha encontrado Catalunya desde el final de la Guerra Civil. Es decir, los catalanes pagan la mayor parte de sus impuestos al Estado, pero de esta cantidad, que el gobierno español debería de repartir equitativamente, sólo vuelve una pequeña parte. Si esto sucede durante un periodo de tiempo largo, como es el caso de Catalunya, se puede hablar de déficit fiscal estructural o "expolio fiscal".


2- ¿Cual es el déficit fiscal de Catalunya respecto a España?
El último año del cual se disponen datos oficiales y contrastados es el 2001. Aquel año, los catalanes sufrimos un déficit fiscal de 11.307 millones de euros. Es decir, pagamos al Estado 36.240 millones de euros i sólo recibimos  24.932 en forma de inversiones i servicios. Esta diferencia representa un 9,2% del producto interior bruto (PIB). Esto significa que de cada 100 euros que generamos los catalanes, nueve se gastan sin ninguna contrapartida en el resto del Estado. O, lo que es lo mismo, cada familia catalana envía unos 4.500 euros anuales a España.  Estos cálculos se han hecho a partir de estudios independientes, ya que el gobierno español se niega sistemáticamente a hacer públicas las balanzas fiscales entre las comunidades autónomas y el Estado.


3- ¿Qué otros territorios acumulan déficit como Catalunya?
Ninguno. En términos absolutos, ninguna comunidad que pague al Estado más de lo que recibe en servicios y inversiones llega al nivel de Catalunya. El Principado es quien más aporta a la caja del Estado. A pesar de tener sólo el 15,7% de la población, entre 1997 i 2003 Catalunya aportó el 21% del dinero que el Estado recauda en forma de impuestos, superando de largo comunidades como Andalucía, que tiene casi 900.000 habitantes más que Catalunya. En cambio, la inversión pública del Estado en Andalucía casi dobla la de Catalunya.
Las cifras no son mucho mejores si lo comparamos con comunidades más ricas que Catalunya como, por ejemplo, Madrid. El año 2003, el 14% del dinero de los presupuestos del Estado fueron a parar directamente a la comunidad de Madrid, que sólo representa el 13,4% de la población española.
En términos relativos, sólo las Illes Balears superan el expolio fiscal a que ha sido sometida Catalunya en los últimos años. Los baleares sólo reciben del Estado un 0,7% de la inversión pública cuando representan el 2,21% de la población.


4- ¿Es cierto que Madrid también sufre déficit fiscal?
No. Tanto desde el gobierno español como desde la comunidad de Madrid, los intentos de descalificar y deslegitimar las peticiones de justicia fiscal que se hacen desde Catalunya han sido constantes. Políticos como Esperanza Aguirre han asegurado que Madrid acumula más déficit fiscal que Catalunya. La capital española concentra unas inversiones tan grandes del Estado que no se cuentan como propias de la comunidad, que superan los impuestos que pagan los madrileños. A parte de esto, hay que añadir los gastos que el Estado destina a los servicios centrales, la administración estatal establecida íntegramente en Madrid, que suponen cada año entre un 2,5 y 4% de los presupuestos generales.

5- ¿Cuanto paga un catalán por ser español?
El año 2001 cada catalán pagó 1.777,44 euros para ser español o, lo que es el mismo, 295.741 ptas. Y esta cifra no es una excepción, sino la regla de los últimos años. Si se suma el déficit fiscal per cápita de cada catalán entre 1991 y 2001 la cifra asusta: 12.173 euros (2.025.416 ptas.). Huelga decir que con este dinero una familia de cuatro miembros podría incrementar muchísimo su nivel de vida. Esta factura que los catalanes hemos de pagar por ser españoles no pasa en ningún otro territorio de manera tan desproporcionada.

6- ¿Todo el mundo paga por ser español?
No. Comunidades como Extremadura, Andalucía o Castilla - la Mancha no sólo no pagan sino que reciben dinero del Estado desde que existe el sistema autonómico. A este hecho, hay que sumar que los fondos estructurales de la Unión Europea pasan de largo de Catalunya y se destinan casi íntegramente a las regiones más "pobres" del Estado y a Madrid.


7- ¿Por que el déficit fiscal frena la economía catalana?
Las consecuencias del déficit fiscal se notan sobretodo en la atrofia del sector público. Hace unos años cuando la inversión privada era más importante que la pública, los efectos del déficit fiscal no se notaban tanto. Ahora, sin embargo, el Estado es el primer inversor y el sector privado no puede asumir las inversiones que se dejan de hacer. El gobierno español, por tanto, tiene un gran poder de decisión respecto a qué territorios beneficia con sus inversiones. Por ello, tan importante como tener competencias que permitan que Catalunya tenga una gran capacidad de soberanía política es tener un buen financiamiento para ejercerla.

8- ¿Catalunya ha de ser solidaria con las regiones de España?
Como todas las regiones ricas, hay coincidencia que Catalunya ha de ser solidaria. Como también, que no se debe confundir solidaridad con expolio fiscal: Catalunya ha de ser solidaria cuando decida y pueda ser solidaria i no cuando el gobierno del Estado español o presidentes de determinadas comunidades se lo impongan.


9- ¿Qué déficit fiscal tienen otras regiones europeas económicamente dinámicas?
A menudo se argumenta que Catalunya, como a región rica, ha de pagar igual como las regiones con más poder económico de la Unión Europea, que, supuestamente, también tienen déficit fiscal estructural respecto a sus Estados. El caso catalán, sin embargo, es único en Europa. Ninguna región ha soportado déficits fiscales tan altos durante un periodo tan largo de tiempo. Las regiones europeas con un PIB per cápita similar al de Catalunya como Escocia, las francesas Aquitània y Provença, o Úmbria (Italia) no sólo no tienen déficit respecto a sus Estados, sino que disfrutan de superávit. Ni las regiones más ricas de la UE como Lombardia o Baden-Württemberg nunca han llegado a las cifras a las cuales Catalunya está sometida respecto a los sus Estados.

10- ¿El déficit fiscal interesa para financiar el superávit comercial?
En Catalunya, a menudo se ha tenido que oír como desde España se explicaba que conviene tener déficit fiscal para que así los españoles tengan dinero para comprar los productos catalanes. No hay que confundir nunca las balanzas fiscales con las balanzas comerciales. Las balanzas comerciales se cuentan a partir de la diferencia entre lo que Catalunya compra a España y lo que España compra a Catalunya. De restar estos dos factores sale el superávit, ya que los catalanes vendemos más de lo que compramos. 

Este argumento, pero, es una falacia por que en el intercambio comercial, Catalunya da una mercancía a cambio de un dinero. No hay ningún empresario que dé su dinero a los clientes para que le compren sus productos. Si lo hiciera, el negocio no le saldría muy bien, por que recuperaría el dinero que ya era suyo, pero se quedaría sin la mercancía. El único que se beneficia de esta operación es el cliente que, sin soltar ni un céntimo, se queda con el producto. Por lo tanto, balanzas fiscales y balanzas comerciales no tienen nada que ver.

11- ¿Como se financia ahora la Generalitat de Catalunya?
La Generalitat de Catalunya se financia básicamente a través de dos ingresos que proporcionan el 90% del presupuesto: los ingresos tributarios (65%) i las transferencias del Estado (25%). Este modelo, que se pactó el año 2002 en plena mayoría absoluta del PP, traspasa la gestión del 35% del IVA, el 33% del IRPF i el 40% de los impuestos especiales sobre hidrocarburos, tabaco y alcohol. Estos impuestos, que recoge directamente el Estado, suponen un 45% del presupuesto catalán. En cambio, la Generalitat sólo recauda un 19,3% del su presupuesto en impuestos cedidos, aquellos que recauda la Agencia Tributaria española, pero que cede íntegramente a los territorios. Estos impuestos son el de sucesiones y donaciones, el de patrimonio, el de transmisiones patrimoniales, el de la energía i el de medios de transporte, y el Parlamento tiene capacidad normativa para subirlos o bajarlos. El déficit fiscal hace que a menudo la Generalitat se vea obligada a subir estos impuestos, que son ya mucho más altos que en el
resto del Estado, para evitar el ahogo de las cuentas. El resultado de esto es que los catalanes son los ciudadanos del Estado español que más pagan. De hecho, los expertos señalan a menudo que Catalunya paga un nivel de impuestos equiparable a un país socialdemócrata y recibe inversiones públicas como si fuera un país liberal.

12- ¿Que es la Agencia Tributaria?
Es el organismo público del Estado encargado de la recaudación y gestión de todo el sistema de tributos e impuestos. Los principales impuestos que recauda son el IRPF, el impuesto sobre sociedades, el IVA y los especiales. Los partidos catalanes piden una agencia propia.

13- ¿Que es la capacidad normativa?
La capacidad normativa es la potestad que tiene una administración para modificar algunos de los impuestos que gestiona. Actualmente, la Generalitat sólo tiene capacidad normativa en impuestos poco relevantes.
Para los grandes impuestos (IVA, I RPF, de sociedades y los especiales),el Estado se reserva la capacidad normativa. La Generalitat únicamente puede poner un recargo en uno de los impuestos especiales, el de hidrocarburos.

14- ¿Donde de decide el sistema de financiación de las autonomías?
En el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que es el órgano donde el gobierno español y las comunidades autónomas negocian el sistema de financiación común. Creado en 1980 para coordinar la actividad financiera del Estado con la de las autonomías, es sólo un órgano consultivo para negociar. El poder normativo sobre la financiación de las comunidades lo tienen las Cortes españolas. Catalunya tiene que negociar su sistema de financiación en este órgano, a diferencia de Euskadi y Navarra que disfrutan del concierto económico.

15- ¿Qué diferencias hay entre el concierto económico vasco y navarro y el sistema de régimen común de Catalunya?
A diferencia de Catalunya, estas dos comunidades históricas disponen de concierto económico. Esta norma permite a las haciendas forales de Euskadi i de Navarra tener capacidad normativa plena y recaudar todos los impuestos que se generen en su territorio. Navarros y vascos sólo pagan al Estado los servicios que éste los presta. Es lo que se llama cuota, que cada año se encargan de negociar los gobiernos autonómicos con el de Madrid, no sin tensiones. Este sistema, permite adaptar los impuestos y tasas a la realidad socioeconómica de estos dos territorios y evita la fuga de dinero injustificada como le ocurre a Catalunya.


Para saber más sobre Economía y Catalunya, visita http://www.wilson.cat/es/