Make your own free website on Tripod.com

La Historia de Catalunya, como la de la mayoría de las naciones europeas, se remonta a la Alta Edad Media; sin embargo, será útil repasar, de manera sucinta, qué pasó en los siglos anteriores.

Antes de la llegada de los romanos, la península ibérica estaba habitada por distintos pueblos. Así, en el siglo VI a.C., los tartesos habitaban la actual Andalucía mientras que en el levante y norte de la costa mediterránea lo hacían los iberos. Fue en estas zonas donde se asentaron las colonias fenicias (procedentes del actual Líbano) y griegas. En el siglo III a.C. encontramos que los celtas del norte de Europa se han instalado en lo que actualmente son Galicia, Portugal y Castilla. A su vez, la costa norte está habitada por los cántabros y los vascones. Al final de este siglo III a.C. se produjo la invasión del sureste peninsular por parte de los cartagineses procedentes de la actual Túnez. Fue en esta zona donde se iniciaron las llamadas Guerras Púnicas que enfrentaron al imperio cartaginés y al imperio romano. La victoria del segundo inició la romanización de la península ibérica.


Esta península era llamada por los romanos Hispania. La Hispania romana no tenía ningún carácter jurídico ni político, sino simplemente geográfico igual como hoy podemos referirnos a las Islas Británicas, Escandinavia, Centroeuropa o el Magreb. De hecho, los romanos tardaron dos siglos en conquistar toda la península ibérica o Hispania derrotando y sometiendo, progresivamente, a los distintos pueblos o naciones que la habitaban.

Posteriormente, en el 27 a.C., el emperador Octavio Augusto la dividió en tres provincias: Tarraconense, con capital en Tarraco (Tarragona), que comprendía todo el norte peninsular desde Galicia hasta Cartagena; Bética, con capital en Corduba (Córdoba), que básicamente comprendía la actual Andalucía; y Lusitania, con capital en Emérita Augusta (Mérida) que comprendía buena parte de Portugal y Extremadura. 300 años más tarde, Diocleciano subdividió la enorme Tarraconense en tres provincias: Tarraconense, Cartaginense con capital en Cartago Nova (Cartagena) y Galaecia con capital en Bracara Augusta (Braga).


En el siglo V, los llamados por los romanos “pueblos bárbaros del norte” llegan a la península. Los visigodos ocupan el centro y sur de la actual Francia y extienden sus dominios hacia el nordeste, centro y suroeste de la península. Los alanos ocupan la cornisa cantábrica; los suevos, se instalan en la actual Galicia y norte de Portugal; mientras que los vándalos ocupan el norte de África, las islas mediterráneas y Córdoba.

Los francos habían quedado relegados al norte de la actual Francia y el Benelux, pero progresivamente fueron ocupando tierras visigodas hasta llegar, por el lado atlántico, hasta los Pirineos.


En el 711, las tropas musulmanas compuestas de árabes y beréberes invaden por el sur la península y, ante la pobre resistencia de visigodos y francos, realizan una rápida conquista que llega hasta más allá del centro de la actual Francia. Finalmente, los francos logran derrotar a los musulmanes en Poitiers  y los obligan a retroceder progresivamente hasta que, después de la conquista de Narbona en 759 logran hacerlos volver a la cara sur de los Pirineos.

Los francos no se detienen ahí y siguen presionando a los musulmanes creando la llamada Marca Hispánica, es decir, unos territorios de frontera al sur de los Pirineos, repletos de fortificaciones y castillos, que representarán la primera línea de defensa ante cualquier intento musulmán de atacar el reino franco. Así, Barcelona es conquistada por los francos en 801 y la frontera sur queda establecida en los ríos Llobregat y Cardener. Mientras la reconquista castellana, iniciada en Asturias, es llevada a cabo por los visigodos; la reconquista catalana es llevada a cabo por los francos.


A lo largo del siglo X, el gran imperio franco creado por Carlomagno, que iba desde Hungría hasta el Atlántico y desde Dinamarca hasta el sur de Roma, empieza a desintegrarse dando lugar a la aparición de entidades supracondales llamadas Principados. Anteriormente, los reyes carolingios habían dividido los territorios de la Marca Hispánica en condados y habían investido ellos mismos a los respectivos condes. El condado de Barcelona siempre fue el más poderoso de todos ellos y su primer conde fue Berà de Rasès y Conflent.  A finales del siglo IX, Guifré el Pelós, conde de Barcelona, de Urgell, de la Cerdanya, de Besalú, de Ausona y de Girona, inicia el proceso de unificación y repoblación de los condados catalanes que conducirá al nacimiento del Principado de Catalunya. En 897, Guifré fue mortalmente herido en batalla contra los normandos defendiendo al rey Luís de Francia.

Cuenta la leyenda que después de la victoria, el rey Luís se acercó a la tienda de Guifré para agradecerle su ayuda. Viéndolo agonizar, metió sus dedos en la herida y pintó 4 barras rojas sobre el fondo dorado del escudo del conde dando lugar al nacimiento de la enseña de Catalunya.


Durante el siglo X se produce un progresivo debilitamiento de la monarquía carolingia y un simultáneo distanciamiento político de los condados catalanes.  En 987 muere prematuramente y sin descendencia el rey Luís V el Joven, último rey carolingio y le sucede Hugo, el primer rey de la dinastía de los Capetos. El conde de Barcelona Borrell II había pedido, repetidas veces, ayuda al rey de Francia frente a los ataques del musulmán Al Mansur. El rey estaba obligado por juramento a prestar esa ayuda, pero su debilidad era tal que ni Lotario en 986, ni Luís V en 987 ni Hugo Capeto pudieron acudir en ayuda del condado de Barcelona.

Las aspiraciones de independencia catalanas eran grandes y quedan reflejadas en múltiples documentos de la segunda mitad del siglo X. La ausencia de ayuda de los reyes francos ante los ataques moros aportó la legitimidad necesaria a la decisión de Borrell de no llevar a cabo el juramento de fidelidad al rey de Francia y proclamar, consecuentemente, la independencia de los condados catalanes. Acababa de nacer una nueva nación en Europa: el Principado de Catalunya.


Los sucesivos condes de Barcelona llevaron a cabo una política de expansión, tanto hacia el sur, reconquistando tierras moras, como hacia el norte, mediante alianzas y pactos matrimoniales. El Principado de Catalunya fue creciendo en extensión, fortaleciendo su economía y su potencia militar. El nombre de Principado no tiene nada que ver con ningún príncipe. Deriva de "principatus" que significa "soberanía" en latín y hace referencia al conjunto de condados que conforman un estado soberano bajo el gobierno del Conde de Barcelona: el Principado de Catalunya.


En 1112, el conde de Barcelona Ramon Berenguer III se casa con Dolça de Provença y este condado, que llega hasta Niza, es incorporado al Principado de Catalunya.

En 1150, el conde de Barcelona Ramon Berenguer IV se casa con Peronella, única hija del rey Ramiro II de Aragón. Este matrimonio era una parte de los pactos firmados en 1137 entre el conde catalán y el rey aragonés. Ramiro, para defender su reino de los intentos anexionistas de Castilla (que llegó a invadir militarmente Aragón), prefirió pactar con Ramon Berenguer IV y confederar su reino con el Principado de Catalunya de manera que el hijo de Peronella y Ramon Berenguer, Alfons I el Cast, seria rey de Aragón y Conde de Barcelona. A pesar que el poder económico y político estuvo siempre en Catalunya, no se dejo nunca de respetar los fueros aragoneses, su lengua y su cultura. La nueva potencia fue oficialmente denominada  Reinos y Tierras del rey de Aragón o, de manera más resumida, Corona de Aragón.

Cabe reseñar aquí que la primera muestra conocida de la bandera con las 4 barras es un sello que pertenecía a Ramon Berenguer IV que fue conde de Barcelona, pero nunca fue rey de Aragón. Así pues, si no hay nuevos descubrimientos, quedaria acreditado el origen catalán de la bandera de las 4 barras, que posteriormente pasaría a ser la bandera del Principado de Catalunya y los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca.

El rey Alfons I, el Cast, mantuvo tres frentes abiertos. Al sur, los árabes, al oeste los castellanos y al norte los tolosanos. El condado de Tolosa (Toulouse) siempre aspiró a anexionarse los condados catalanes del Llenguadoc y la Provença. Cabe destacar la alianza que Alfons I firmó con Ricardo Corazón de León de Inglaterra para enfrentarse al conde de Tolosa. Éste, a su vez, se alió con el rey de Francia, alianza que le salvó de la derrota.


En 1196, a la muerte de su padre, se convierte en rey Pere I el Catòlic. Fue un rey brillante, valiente y generoso. Participó personalmente en múltiples batallas entre las que destacaremos la conquista de Madrid o la victoria de la Navas de Tolosa (Jaén) junto a los reyes de Castilla, Alfonso VIII, y de Navarra, frente a los almohades en 1212. Al año siguiente, anteponiendo su sentido del deber hacia sus súbditos al de la lógica política, rechaza pactar con Simó de Montfort, jefe de los ejércitos cruzados mandados por el papa Inocencio III para reprimir la llamada herejía cátara que se había extendido por tierras occitanas. Pere I y el conde de Tolosa se aliaron para hacer frente al ejército cruzado y proteger a sus súbditos. Desgraciadamente, fueron derrotados en la Batalla de Muret (1213) en la cual murió Pere I quién, como en él era habitual, se puso al frente de sus tropas y participó en la primera línea de batalla. Esta derrota dio lugar a terribles matanzas llevadas a cabo por las tropas de Simó de Montfort entre la población civil que había asumido la doctrina cátara.


Jaume I, el Conqueridor, hijo de Pere I, fue el más grande rey de la cristiandad en la Baja Edad Madia. Tanto su vida personal como su gestión política tiene todos los elementos para ser una figura mítica a la altura de Alejandro Magno, Julio César o el rey Arturo. Sin embargo, el hecho que Catalunya haya sido, desde el siglo XVII, una nación oprimida, ha impedido que sus héroes, su cultura y su lengua hayan tenido la difusión internacional que, por méritos objetivos y de modo semejante a otras culturas, les correspondía.

Jaume I, nacido en Montpeller, quedó huérfano de padre y madre a muy corta edad. Fue tutelado y formado por los templarios en el castillo de Montsó. A los 13 años fue casado con Leonor de Castilla, con la cual tuvo un hijo llamado Alfons. El áspero carácter castellano de Leonor no congenió con el suave provenzal de Jaume y, después de la anulación papal del matrimonio, la reina ingresó en un convento.  El rey se casó, posteriormente, con Violant d’Hongria, con la que tuvo 8 hijos, a los que hay que sumar, por lo menos, 5 hijos ilegítimos fruto de sus relaciones con múltiples amantes. A pesar de tratarse de un matrimonio concertado, Jaume y Violant se amaron, respetaron y ayudaron.

Aparte de su intensa y fructífera vida amorosa, su trayectoria militar estuvo plagada de éxitos. Protegió las costas catalanas frente a los piratas sarracenos. Conquistó los reinos de Mallorca (1229-35) y València (1232-38) a los musulmanes e, incluso, conquistó el reino de Murcia para regalárselo a su amigo y consuegro, el rey Fernando III de Castilla y León. Los castellanos perdieron ese reino y Jaume volvió a conquistarlo para cederlo nuevamente a Alfonso X, hijo del fallecido Fernando III. Así, Jaume, en contra de la opinión de sus nobles, hizo honor a su compromiso con Fernando, a pesar de los serios enfrentamientos que había tenido con el joven e impetuoso Alfonso que luego sería conocido como el sabio. Jaume I otorgó a Mallorca y València unos fueros propios y les mantuvo su calidad de reinos sin proceder a una anexión pura y dura, con imposición de leyes, religión y lengua como sí realizaban los reinos de Castilla o Francia.

La fama de Jaume llegó a ser tan grande que el Khublai Khan, emperador del imperio mongol, le propuso una cruzada conjunta para recuperar los Santos Lugares. Desgraciadamente, la flota catalana sufrió el azote de terribles tormentas que la obligaron a regresar y convencieron a Jaume que Dios no estaba de su parte en aquella empresa.

En lo referente a su gestión política, Jaume tuvo grandes aciertos como el redactado de legislaciones muy progresistas, el impulso importantísimo de la lengua y cultura catalanas y la protección de colectivos vulnerables como los judíos y los musulmanes que no habían abandonado sus tierras ante la llegada de los cristianos catalanoaragoneses. Resulta incomprensible, en cambio, la cesión a Luís IX, rey de Francia, del condado de la Provença en el extraño tratado de Corbeil.

Jaume I el Conqueridor es descrito como un hombre alto y apuesto, alegre y afable que conquistaba con la espada y con su personalidad. Su reinado no fue perfecto, pero sería difícil hallar en la Historia un gobernante que aunara tantas cualidades positivas y que, al lado de grandes conquistas, ofreciera tantas acciones de justicia y generosidad.


A su muerte en 1276, Jaume I, tal y como había prometido a su esposa Violant, dividió su reino entre sus hijos Pere y Jaume. Al primero le correspondió Aragón, Catalunya y València; al segundo, Mallorca, el Rosselló, la Cerdanya y Montpeller. No será hasta 1343 que el reino volverá a ser reunificado bajo una sola corona.

El reino independiente de Mallorca, con capital en Perpinyà, tuvo una vida muy corta. A Jaume II de Mallorca, hijo de Jaume I el conqueridor, le sucedió en 1311  su hijo Sanç I de Mallorca y a éste su sobrino Jaume III de Mallorca hasta que en 1343 el reino es reincorporado a la corona catalano-aragonesa después de una disputa dinástica entre Pere III el Cerimoniós, rey de Catalunya y Aragón y su primo Jaume III de Mallorca que desembocó en una guerra fratricida que culminó con la derrota y muerte de Jaume.


Como hemos comentado, a Pere II el Gran, hijo de Jaume I el Conqueridor, le correspondió Aragón, Catalunya i València. Su matrimonio con Constança, heredera legítima del reino de Sicília, le obligó a enfrentarse a Carlos I d’Anjou que lo había ocupado militarmente. El 30 de marzo de 1282, la población siciliana se rebela contra las tropas ocupantes angevinas y reclaman la ayuda del monarca catalán. En junio, el rey Pere II el Gran desembarca en Sicília y las tropas angevinas se retiran a Nápoles. La flota catalana, comandada por Roger de Llúria, derrotó dos veces a la flota angevina en Malta y Nápoles y el heredero d’Anjou fue hecho prisionero.  Sicília había quedado incorporada a la corona catalano-aragonesa.

Por su parte, el rey de Francia, Felipe III, invadió el norte de Catalunya con ayuda de Jaume II de Mallorca que, traicionando a su hermano Pere, permitió el paso de las tropas francesas por el Rosselló. El avance francés fue detenido en Girona y la flota francesa fue derrotada por Roger de Llúria en la bahía de Roses. Durante la retirada francesa, el rey Felipe III murió de enfermedad en Perpinyà.

Pere II el Gran mandó una expedición a confiscar el reino de Mallorca como castigo a la traición de su hermano Jaume, pero la muerte (1285) le sobrevino antes de verla concluida. La finalizó con éxito su hijo Alfons II el Liberal, que también conquistó Menorca a los árabes y la repobló con catalanes. Su reinado fue muy corto ya que murió sin descendencia en 1291.


Le sucedió en el trono su hermano Jaume II, el Just, hijo de Pere II y sobrino de Jaume II de Mallorca. Por diversos tratados de vasallaje, cedió el reino de Sicília a su hermano Frederic i devolvió Mallorca a su tío Jaume II. A su vez firmó la paz con Castilla a cambio de parte del reino de Murcia que se incorporó a València y conquistó la isla de Sardenya. Su reinado se caracterizó por largos periodos de paz que fueron aprovechados para sanear la tesorería real.


A su muerte en 1327, Jaume II fue sucedido en el trono por su hijo Alfons III, el Benigne, que tuvo un corto reinado ya que murió en 1336.

Le sucedió su hijo Pere III, el Cerimoniós. Personaje ambivalente, impulsó la creación artística y literaria e hizo escribir su propia Crónica y la Crónica  General de la Corona de Aragón. Por otro lado, contradiciendo el régimen pactista o parlamentario tradicional de la Confederación Catalano-Aragonesa, intentó imponer un régimen de monarquía absoluta. No lo consiguió debido a la fuerte oposición que encontró entre la nobleza y el pueblo. En 1343, invocando una transgresión del vasallaje debido, invadió el reino de Mallorca, reintegrándolo a la Confederación, y procesó a su rey Jaume III.

Entre 1356 y 1369 mantuvo una guerra con Pedro I el Cruel, rey de Castilla que reclamaba la anexión de los territorios valencianos de Alacant, Elx y Oriola. Fue una guerra larga que desgastó militar, humana y económicamente la Confederación Catalano-aragonesa. La dependencia del rey de las Cortes para obtener los recursos para mantener ésta y otras empresas, le obligó a renunciar a su absolutismo inicial y a la creación de un órgano de gobierno, que consagraba el régimen pactista tradicional, llamado Diputació del General y que a partir del siglo XV fue llamado Generalitat. Constaba de 3 representantes, uno por cada braç o estamento de la población del reino: el braç eclesiástico, el braç militar (o de la nobleza) y el braç popular. Hay que recordar que estos mismos braços constituían las Cortes Catalanas a las cuales estaban sometidos los reyes de la Confederación Catalano-aragonesa, es decir, una monarquía parlamentaria y el régimen parcialmente democrático más antiguo de la Europa moderna.


A su muerte en 1387 le sucedió su hijo Joan I, el Caçador, quien firmó alianzas con Francia, Castilla y Navarra. Afrontó revueltas populares antisemitas y antimoras y castigó a los culpables. Murió repentinamente en 1396 mientras cazaba, sucediéndole su hermano Martí I, l’Humà, dado que sólo había tenido una hija.


Martí I murió en 1410 sin descendencia. Su único hijo había muerto el año anterior batallando en Sardenya. Como tampoco había designado ningún sucesor, se abrió un largo litigio entre los diversos candidatos al trono.

Finalmente, reunidos en Casp, los 9 compromisarios que representaban a los parlamentos de Catalunya, Aragón y València, condicionados por el apoyo que recibió del papa Benet XIII, eligieron como rey a Ferran de Trastàmara, sobrino de Martí I, l´Humà al ser hijo del rey Juan I de Castilla y de su esposa Elionor de Aragón, hermana del rey catalán.

El nuevo rey fue conocido como Ferran I d’Antequera ya que ésta fue la última plaza que conquistó antes de convertirse en rey.  Su reinado fue muy corto. Fue proclamado rey en 1412, coronado en 1414 y murió en Igualada en 1416. Su hijo Alfons IV, el Magnànim, heredó los reinos de Catalunya, Aragón, València, Mallorca, Sicília y Sardenya, a los cuales incorporó el rico reino de Nápoles que terminó de conquistar en 1442. Mantuvo guerras constantes con Génova y Castilla. No tuvo ningún hijo con su esposa Leonor, por lo que, a su muerte en 1458, sus reinos fueron heredados por su hermano Joan, excepto el de Nápoles que fue heredado por su hijo natural Ferran fruto de sus relaciones extraconyugales con la bella napolitana Lucrèzia d’Alagno.


Joan II, además de rey de la confederación catalano-aragonesa y de las islas mediterráneas, fue rey de Navarra por su boda con Blanca de Navarra. Tuvo un reinado muy convulso con guerras civiles tanto en Catalunya como en Navarra, enfrentamientos militares con su primogénito Carles, príncipe de Viana y las tradicionales guerras con Castilla. Su esposa Blanca murió en 1441 y volvió a casarse en 1447 con Joana Enríquez con la que tuvo otro hijo varón, Ferran. Dado que el príncipe Carles había muerto en 1461, Ferran heredó todos los reinos de su padre después de su muerte en 1479.


Ferran II, el Catòlic, se había casado, obligado por su padre por motivos políticos, con Isabel de Castilla, hermana del rey castellano Enrique IV. A la muerte de éste en 1474, y después de una guerra civil castellana de 5 años, Isabel conquistó el trono de Castilla y Ferran pasó a ser rey consorte. En 1479, a la muerte de su padre Joan II, Ferran heredó los reinos de la confederación catalano-aragonesa y, ante la amenaza francesa, volvió a conquistar Nápoles.

A pesar que él fuera nombrado rey consorte de Castilla, su esposa Isabel, la Católica, no fue nunca reina consorte de la confederación catalano-aragonesa. Ferran fue un hábil gobernante que reformó la Generalitat y resolvió la mayoría de los conflictos que su padre había dejado pendientes. Su gusto por el gobierno le llevó a interesarse tanto o más por los asuntos castellanos que por los catalanes, ayudando a su esposa, más preocupada por cuestiones de religión, a resolver adecuadamente espinosos asuntos políticos y a culminar las conquistas de Granada, Norte de África y Canarias. La separación entre los dos reinos quedó bien patente al considerarse el descubrimiento de América una hazaña castellana y se prohibió a los catalanes la posibilidad de comerciar con el Nuevo Mundo.

A la muerte de Isabel en 1504, y atendiendo a su testamento, Ferran fue nombrado regente de Castilla, en nombre de su hija Juana, que padecía una enfermedad mental. Pero en 1506, la nobleza castellana expulsó al "viejo catalán" (como lo llamaban) y nombró rey consorte de Castilla a Felipe, marido de Juana. Ese mismo año, Ferran se volvió a casar con Germana de Foix y tuvieron un hijo que, de haber sobrevivido, habría sido rey de la confederación catalano-aragonesa, con lo que los reinos de Castilla y Aragón habrían seguido sus caminos paralelos como hasta entonces. Lamentablemente, el niño murió y a la muerte de Ferran, en 1516, su trono fue heredado por su hija Juana, la Loca, que ya era reina de Castilla desde 1504.


Cabe recordar que el esposo de Juana, el flamenco Felipe I, el Hermoso, murió en 1506 y, por lo tanto, fue rey consorte de Castilla durante 2 años. Este Felipe I fue rey de Castilla, pero nunca lo fue de la confederación catalano-aragonesa ya que Ferran no murió hasta 1516. Felipe I el Hermoso tampoco fue rey de España por la sencilla razón que este estado aún no existía. La denominación de Hispania o España hacía referencia, en aquella época, a una realidad geográfica, no política, que era la península ibérica. Esta terminología, heredada de los romanos, englobaba varios reinos: Portugal, Navarra, Catalunya-Aragón y Castilla. España significaba un área geográfica, como Escandinavia o Magreb, pero en absoluto un país, un estado o un reino.

A pesar de ser la legítima reina de Castilla, Juana, debido a su enfermedad mental, no pudo ejercer el poder. A la muerte de su esposo Felipe, la corte castellana llamó de nuevo a Ferran, su padre, para que ejerciera la regencia hasta la mayoría de edad de su nieto Carlos, hijo de Juana y Felipe. En 1516, y cuando Carlos contaba con sólo 16 años, muere Ferran II de Catalunya y Aragón, así Carlos se convierte en rey de la confederación Catalano-aragonesa, jurando cortes en Zaragoza y Barcelona, y regente de Castilla (no fue rey hasta 1555, cuando murió su incapacitada madre). Carlos heredó otros títulos europeos por parte de su padre como el archiducado de Austria y el ducado de Borgonya. Su reinado se caracterizó por el respeto a las leyes y fueros catalanes, pero, a la vez, por la constante petición de fondos para financiar las guerras y expediciones en todo el mundo que las exhaustas arcas de Castilla no podían afrontar.


Su hijo Felipe,  I de Catalunya y Aragón, II de Castilla y I de Portugal, heredó las posesiones de su padre, muerto en 1556, a las que sumó el reino de Portugal tras la muerte sin descendencia, en 1580, del rey Enrique. Su formación había sido eminentemente castellana, lo que, añadido a su gran dificultad para los idiomas – su dominio del catalán, el flamenco, el francés y el portugués era pésimo-, dificultó enormemente su relación con los súbditos de sus vastos dominios. Además inició un severo proceso de centralización administrativa ubicándola en Madrid. La actitud de Felipe I (II de Castilla) fue, en general, respetuosa con Catalunya, a pesar de la enorme presión fiscal para compensar la bancarrota castellana y financiar sus desmesuradas campañas militares, las protestas por la progresiva castellanización de la administración y de la Iglesia y al injustificado encarcelamiento de los diputados de la Generalitat en 1569 por una falsa denuncia. Al igual que su padre, juró ante las Cortes Catalanas y, haciendo honor a su juramento, respetó en gran medida sus leyes.


A su muerte en 1598, le sucedió en el trono su hijo Felipe, II de Catalunya y Aragón, II de Portugal y III de Castilla. Al igual que su padre y su abuelo, juró los fueros y constituciones catalanas. Estos fueros protegían a los catalanes frente a excesos que la política fiscal real llevaba a cabo en Castilla.

Sin embargo, la ruina absoluta a la que la política imperialista de su padre había llevado a Castilla, le obligó a intentar aumentar la recaudación en Catalunya, lo que originaría un grave conflicto. En general su reinado fue de pacificación, firmando acuerdos de paz con Inglaterra, Francia y los independentistas holandeses. Especialmente negativa para la corona catalano-aragonesa fue la expulsión de los moriscos en 1609 ya que, a diferencia de Castilla, aquí habían sido respetados y la convivencia era ejemplar. En 1618, el estallido de la Guerra de los 30 Años, en la que Castilla se posicionó al lado de Austria, puso fin a ese periodo de paz. Murió en 1621 y le sucedió su hijo Felipe.


Felipe III de Catalunya y Aragón, IV de Castilla y III de Portugal accedió al trono a los 16 años, por lo que se vio fuertemente influido por su privado el conde-duque de Olivares que fue quién realmente ejerció el poder, ya fuera directamente o influyendo en las decisiones del joven rey al que, desde el principio, le inculcó la obsesión de una Castilla omnipotente y hegemónica en Europa. El primer paso en este sentido era la fusión de los tres reinos  peninsulares, eliminando los fueros y leyes de los otros dos sometiéndolos a las leyes y usos de Castilla. Así se proyectó la Unión de Armas que obligaba a Portugal y a Catalunya-Aragón a colaborar económica y militarmente en las guerras protagonizadas por Castilla. Aragón y los Països Catalans se negaron en redondo a tan siquiera discutir el tema si antes el rey no visitaba estos territorios y juraba sus constituciones, cosa que en 5 años de reinado aún no había hecho! En 1626, juró en Zaragoza ante las cortes aragonesas. Humilló a los valencianos convocando sus cortes en Montsó y jurando allí sus constituciones.  En Barcelona, sin embargo, la Unión de Armas fue rechazada por las cortes catalanas y también se negó al rey el subsidio económico que pedía para proseguir sus campañas militares. Éste, irritado, abandonó Barcelona sin concluir las Cortes, hecho totalmente inusitado.

Distintos reveses militares y diplomáticos pusieron a Castilla al borde de la bancarrota absoluta, salvada “in extremis” por un generoso donativo hecho por Catalunya en 1631. Esto indujo al rey a volver a Barcelona a concluir las Cortes de 1626, pero no consiguió que los catalanes se implicaran en las guerras castellanas.

Con la excusa de la guerra con Francia, el rey y el conde-duque de Olivares estacionaron tropas castellanas en Catalunya. Éstas tuvieron manga ancha para cometer toda clase de tropelías, robos y violaciones sin que los oficiales ni autoridades militares lo impidieran. Como por el Uso Princeps Namque, los catalanes no tenían por qué luchar fuera de sus fronteras, el conde-duque abrió un frente el Llenguadoc que, curiosamente, se hundió rápidamente y los franceses tomaron Salses, la ciudad más septentrional de Catalunya. Inmediatamente fue recuperada por tropas catalanas, pero no fueron más allá y, ante la desesperación del rey, no penetraron en territorio francés.

La impune depredación que las tropas castellanas estaban llevando a cabo en Catalunya llevaron al estallido de una revuelta en 1640 que desembocó en la Guerra dels Segadors. La Generalitat y su Conseller en Cap, Pau Claris, apoyan a los sublevados. Portugal aprovechó la ocasión para levantarse también en armas contra la tiranía castellana. Ante la imposibilidad de mantener ambos frentes, el rey aceptó la independencia de Portugal y mantuvo la guerra en Catalunya. La canción “Els Segadors”, que posteriormente seria declarada himno nacional de Catalunya, tiene su origen en esta época. En 1899, su letra fue actualizada y adaptada por Emili Guanyavents. En 1641, el marqués de Los Vélez entró en Catalunya al frente de un ejército de 25000 castellanos que, finalmente, fue derrotado en Barcelona en la batalla de Montjuïc. Castilla mandó nuevos ejércitos contra Catalunya y, después de 19 años de guerra, en 1659 caían los últimos baluartes catalanes. En ese año también se firmó la Paz de los Pirineos entre el rey de Castilla y el rey de Francia en virtud de la cual el monarca castellano cedía las comarcas catalanas del Rosselló, el Conflent, el Vallespir, el Capcir y la mitad de la Cerdanya al francés. A pesar de la resistencia de la población y de las diversas revueltas populares, estos territorios siguen, hoy en día, amputados de Catalunya y bajo administración francesa.


Como se puede ver, el rey Felipe III (IV de Castilla) fue un rey nefasto para Catalunya desde todos los puntos de vista. A su muerte en 1665, le sucedió su raquítico y oligofrénico hijo Carlos. Sin embargo, dada su minoría de edad, su madre ejerció la regencia hasta 1675. Este reinado fue caótico y agudizó la decadencia castellana. El enfrentamiento con Francia se mantenía en varios frentes y el gobierno de Madrid rechazó el ofrecimiento francés de devolver las comarcas catalanas del Rosselló, la Cerdanya y el Conflent y aceptar una nueva absorción de Portugal a cambio de ceder los Paises Bajos a Francia.

Los gobernantes castellanos mantuvieron una política imperialista y belicosa que sólo conllevó derrota tras derrota. Catalunya fue invadida varias veces por Francia que llegó incluso a tomar Barcelona, con vejaciones importantes a la población civil, sobretodo en 1694.


En 1700 muere Carlos II sin descendencia y habiendo designado su sucesor a Felipe d’Anjou, nieto de Luís XIV, el odiado rey absolutista de Francia. En principio los catalanes aceptaron al nuevo monarca y este incluso llegó a hacer alguna concesión a pesar de su concepción absolutista y centralista, como jurar las Constituciones en las Cortes Catalanas. Sin embrago, los enemigos de Francia (Inglaterra, Holanda y Austria) no estaban de acuerdo con este nombramiento y potenciaron el crecimiento del Partido Austriacista, que defendía los derechos del archiduque Carlos de Austria a la corona hispánica y que se sirvió de la fuerte francofobia y castellanofobia que se había generado en Catalunya a raíz de los constantes y crecientes abusos de la segunda mitad del siglo XVII. Tanto las clases populares como la nobleza y, sobretodo, la iglesia apoyaron al partido austriacista. A ello también ayudó la cruel e indiscriminada represión que desencadenó el virrey Velasco. Así, en junio de 1705 se firma el tratado de Génova entre los representantes catalanes y el plenipotenciario de la reina Ana de Inglaterra y, acto seguido, la flota aliada anglo-austro-holandesa desembarca en Barcelona con el archiduque Carlos al frente. Éste convocó Cortes y juró las Constituciones convirtiéndose en Carlos III de Catalunya.

En 1706, las tropas borbónicas de Felipe d’Anjou intentaron, infructuosamente, recuperar Barcelona y, a continuación, Carlos III inició una ofensiva que le llevó a ocupar Aragón, Valencia, Baleares y Madrid donde, en julio de 1706, se proclamó rey de Castilla, pasando a ser Carlos III de Castilla. Las tropas borbónicas franco-castellanas reaccionaron y recuperaron terreno hasta que a raíz de la batalla de Almansa, en abril de 1707, invadieron Valencia y Aragón y Felipe d’Anjou anuló todos sus fueros. En 1710, sin embargo, los austriacistas recuperan Aragón y Madrid.

En 1711 se produce una gran ofensiva francesa y cae Girona. En ese mismo año se produce un acontecimiento trascendental, muere el emperador de Austria José I y su hermano, el archiduque Carlos hereda el trono. Así, después de 6 años de residencia en Barcelona, Carlos III regresa a Viena dejando a su esposa como regente en la capital catalana. A partir de aquí, los ingleses inician conversaciones de paz secretas con los franceses y firman el tratado de Utrecht según el cual, a cambio de grandes concesiones que incluyen la posesión de Menorca y Gibraltar (que había sido conquistada por tropas anglo-catalanas), los ingleses se comprometen a retirarse de Catalunya abandonando a los catalanes a sus suerte y violando el tratado de Génova.

En 1712, después de la retirada del ejército aliado, el ejército francocastellano, a las órdenes de James FitzJames, duque de Berwick, inicia una gran ofensiva sobre les tropas y la población catalanas. La resistencia catalana es feroz, pero en abril de 1714, un ejército de 40.000 soldados tiene ya sitiada Barcelona que es defendida por 5.500 hombres, la mayoría civiles reclutados por el Conseller en Cap Rafael de Casanova y por el general Villarroel. Los defensores se negaron a aceptar las propuestas de rendición de Berwick y votaron por la resistencia a ultranza, resistencia que, ante el asombro del mundo por la evidente desproporción de fuerzas, duró casi seis meses. Finalmente, el once de septiembre, los franceses consiguieron romper las defensas y penetrar en la ciudad. Rafael de Casanova cayó herido y Villarroel llamó a capitulación. Los castellanos, ante la irritación de Berwick, no respetaron las cláusulas de capitulación firmadas por el general francés y cometieron un sinfín de infamias, ajusticiaron a muchos oficiales catalanes, asaltaron domicilios y palacios y desposeyeron de sus títulos a los nobles y eclesiásticos catalanes. Mallorca y Eivissa resistieron hasta julio de 1715.


El 11 de septiembre fue declarado Diada Nacional de Catalunya en recuerdo a la fecha en que nuestra nación perdió sus libertades y, entre otros actos, se realiza un homenaje a Rafael de Casanova desde finales del siglo XIX.


El rey Felipe V de Castilla, IV de Catalunya y Aragón y IV de España, suprimió todos los fueros, constituciones e instituciones de catalanas, excepto el derecho civil, y aplicó el Decreto de Nueva Planta (1716) que recogía un conjunto de medidas represivas y abusivas. Se suprimieron las Cortes Catalanas, los concejales y los alcaldes (corregidores militares) eran nombrados por el Consejo de Castilla, se impusieron fuertes tributos y nuevos impuestos como el catastro y se produjo un desembarco masivo de funcionarios, jueces y militares castellanos que iban a velar por la correcta aplicación de todas estas medidas. Las autoridades castellanas sometieron a Catalunya a un régimen militar y dictaron disposiciones discriminatorias y vejatorias. Así mismo, se inició una feroz represión de la lengua y la cultura catalanas en un intento de castellanizar toda la península. Se impuso el castellano como única lengua oficial y se prohibió, progresivamente, hablar catalán en público, se prohibió la enseñanza en catalán, se prohibieron las obras de teatro en catalán, se prohibió la catequesis en catalán, se prohibió publicar libros o revistas en catalán, se prohibieron fiestas populares catalanas, etc.  Véanse algunos ejemplos de edictos del rey:


"He juzgado por conveniente, así por esto como por mi deseo, reducir todos mis Reynos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y Tribunales, gobernándose todos igualmente por las leyes de Castilla"


"Previniendo, se procure mañosamente ir introduciendo la lengua castellana en aquellos pueblos"


O del Consejo de Castilla:

"...borrándoles de la memoria a los cathalanes todo aquello que pueda conformarse con sus antiguas abolidas constituciones"


"Solamente hablan en su Lengua Materna y ningún común (ayuntamiento) hasta ahora escribía sino es en Cathalán, sin practicarse el uso de la Lengua Española (...) Que en las escuelas no se permitan libros en lengua catalana, escribir ni hablar en ella dentro de las

escuelas y que la doctrina cristiana sea y la aprendan en castellano; que por estos y otros medios suaves se irá haciendo común en el Principado..."


"Entendiéndose la impresión (de libros de catecismo) solamente en Castellano y Latín, pero no en Cathalán".


O del ministro Manuel Godoy (1780):

"En ningún teatro de España se podrán representar, cantar ni baylar piezas que no sean en idioma castellano"


El régimen de represión del sentimiento nacional catalán y de la lengua y cultura catalanas se han mantenido hasta el día de hoy. Después de Felipe IV de España, V de Castilla y IV de Catalunya-Aragón, se sucedieron sus descendientes hasta el actual rey Felipe (mal llamado VI por qué es VI de Castilla, pero V de la Confederación Catalano-Aragonesa y de España), ha habido dos repúblicas y se han alternado gobiernos de izquierda y de derechas, pero lo que no ha cambiado nunca es la política represora, discriminatoria e injusta hacia Catalunya.


A finales del siglo XIX se origina un movimiento denominado Renaixença que surge como resultado del anhelo mantenido por los catalanes de recuperar su nación y su cultura y significa el resurgir del catalanismo social y político que persiste hoy en día. Al igual que los hispanoamericanos, descendientes de españoles emigrados a América, se independizaron de España, los catalanes no hemos renunciado nunca a recuperar la soberanía de una importante nación europea de más de 1000 años de historia.  Ese resurgir del catalanismo fue duramente reprimido por la policía y el ejército españoles. Como consecuencia, los partidos catalanistas se agruparon en Solidaritat Catalana, que arrasó en las elecciones de 1907 ratificando, de esta manera, el renacimiento definitivo del sentimiento nacional catalán.

En 1842 el general español Espartero declaró:

“Hay que bombardear Barcelona cada 50 años para manetenerla a raya”


En 1914, las cuatro diputaciones catalanas se unieron bajo la presidencia de Prat de la Riba en lo que se denominó Mancomunitat de Catalunya. Esta institución, que postulaba una sociedad culta y civilizada, impulsó importantes proyectos relativos a escolarización, lengua, asistencia social, museística, bibliotecas, extensión de la red de teléfonos, etc. La Mancomunitat de Prat de la Riba impilsó de manera importante la alfabetización de la población catalana y la escolarización de los niños. Se priorizó la mejora, tanto cuantitativa como cualitativa de la red de carreteras catalana y se estabilizó la red ferroviaria.


En 1923, el general Miguel Primo de Rivera, padre del fundador del partido fascista Falange Española, dio un golpe de estado apoyado por el rey Alfonso XIII de Castilla, VI de Catalunya-Aragón y II de España, y estableció una dictadura militar inspirada en el régimen fascista italiano. En consecuencia, se disolvió el congreso de diputados, se suspendió la Constitución, se prohibió la actuación de los partidos políticos y sindicatos,  la Mancomunitat fue disuelta y el catalanismo duramente reprimido. El régimen dictatorial cayó en 1930 y en 1931 se proclamó la república democrática que expulsó al rey Alfonso del trono.


El primer gobierno de la República, constituido por una agrupación de partidos de izquierdas, llevó a cabo la reforma del ejército, la reforma agraria, concedió el voto a las mujeres, etc. Estos cambios no fueron del agrado de la España reaccionaria de derechas que se alió en una gran coalición denominada CEDA y ganó las elecciones de 1933. Sin embargo, una serie de escándalos financieros provocaron su caída y el Frente Popular (agrupación de partidos de izquierda) ganó las elecciones de febrero de 1936. Los generales Mola, Sanjurjo y Franco, entre otros, no aceptaron ese resultado y empezaron a conspirar para llevar a cabo un golpe de estado. En julio de 1936 se produjo el pronunciamiento militar pero al fracasar en muchos puntos del estado, entre ellos Catalunya, tuvo como consecuencia el estallido de la Guerra Civil.


En lo referente a Catalunya, el 14 de abril de 1931, el mismo dia que se proclamó la República Española, Francesc Macià, líder de Esquerra Republicana de Catalunya, partido que había arrasado en las elecciones municipales, proclamó la República Catalana, estado independiente integrado en una confederación de pueblos ibéricos. El gobierno español no aceptó esta proclamación y, para evitar un conflicto armado, Macià aceptó cambiarla por la restitución de la Generalitat y un Estatuto de Autonomía.

Ya en 1926, en una entrevista concedida a Le Petit Journal de Paris, Francesc Macià apuntaba la sangría económica a la que España ha sometido siempre a Catalunya y que persiste hoy en día:

“Catalunya separada de España no sólo será más feliz en el sentido

espiritual, sinó en el económico. Catalunya paga anualmente al Estado

español, en impuestos indirectos, más de 700 millones de pesetas. El

Estado español le retorna [...] unos 100 millones solamente. Es decir que

extrae de Catalunya un beneficio de 600 millones de pesetas anuales. Si

se tiene en cuenta que Bélgica [...] tenía un presupuesto de 600 millones

de pesetas, se comprenderá lo bien que se podría vivir en Catalunya”.


El 6 de octubre de 1934, Lluís Companys, presidente de la Generalitat sucesor de Francesc Macià, proclamó el Estado Catalán de la República Federal española. Es gobierno derechista de la CEDA ordenó la represión por parte del ejército, suspendió la Autonomía de Catalunya y encarceló a los miembros del gobierno catalán, los juzgó y los condenó a 30 años de prisión.

Hay que recordar que el sentimiento anticatalán no era privativo de la derecha española. Recordemos lo que decían al respecto dos presidentes del gobierno español republicano y de izquierdas.


Manuel Azaña:

"Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante

estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España,

prefiero a Franco ."

"Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos."


Juan Negrín:

"No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en

Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino (...) No hay más que

una nación: ¡ España ! (...) Antes de consentir campañas nacionalistas

que nos lleven a desmembraciones que de ningún modo admito, cedería

el paso a Franco sin otra condición que la que se desprendiese de

alemanes e italianos"


Como hemos dicho, en julio de 1936 estalla la Guerra Civil. Mientras el bando republicano, que defendía al legítimo gobierno salido de las urnas, solo recibió la ayuda de los voluntarios civiles de las Brigadas Internacionales, el bando insurrecto fascista (llamado a si mismo Nacional) recibió ayuda militar, en forma de tropas, aviones y armamento, de la Alemania nazi y de la Italia fascista (recordemos, por ejemplo, la destrucción de la ciudad de Guernika bajo las bombas de la aviación nazi a modo de entreno para sus pilotos). Éste fue el principal factor que inclinó la balanza hacia el bando insurrecto. La guerra duró tres años y terminó con cientos de miles de exiliados y brutales represalias en forma de ejecuciones sumarísimas y condenas a trabajos forzados (como la construcción del Valle de los Caídos).


El presidente de la Generalitat, Lluís Companys, que vivía exiliado en París, fue apresado por la GESTAPO a petición de las autoridades españolas  y deportado a Barcelona donde, después de un simulacro de juicio, fue fusilado en el castillo de Montjuïc.


¿Cuáles eran las intenciones del ejército franquista al invadir Catalunya? Recordemos las palabras del general Queipo de Llano:

"Transformaremos Madrid en un vergel, Bilbao en una gran fábrica y Barcelona en un inmenso solar".


O las del dirigente falangista J.A. Giménez Arnau:

"Pero una advertencia. Ya se acabó esta conducta, se acabó la traición, porque nosotros preferiríamos ver a estas tierras pulverizadas antes que verlas otra vez en contra de los sagrados destinos de España".

O las de Ruiz de Albéniz, abuelo del que fue presidente de Madrid y ministro de justicia con el PP, Alberto Ruiz Gallardón:

" Barcelona seguirá siendo el garbanzo negro de la olla nacional. Por lo

menos durante un par de generaciones. Al enjuiciar así el problema

catalán del presente y el porvenir, no era ciertamente de los más

pesimistas. Yo he oído a más de una persona de claro juicio y temple

sereno propugnar la conveniencia de un castigo bíblico (Sodoma,

Gomorra) para purificar la ciudad roja, la sede del anarquismo y

separatismo , y como único remedio para extirpar esos dos cánceres,

señalar el termocauterio destructor implacable".

O la orden de 28 de enero de 1939 del Ministerio de Educación Nacional:

"Se suprime la enseñanza de filología catalana, la historia

medieval de Cataluña, la historia moderna de Cataluña, la

geografía de Cataluña, el derecho civil catalán, la historia de les

ideas religiosas en Cataluña, la historia del arte medieval catalán,

la escultura gótica en Cataluña, etc. ".


El franquismo, como todo el mundo sabe, fue un régimen de dictadura militar facista, fuertemente represor, pero tolerado por las potencias democráticas occidentales por su anticomunismo. Uno de sus objetivos fue la destrucción de la identidad nacional catalana y su integración absoluta en España. La lengua y la cultura catalanas fueron prohibidas y perseguidas con penas de prisión. Se favoreció la inmigración masiva desde las zonas agrícolas de la España pobre con el objetivo de diluir y progresivamente destruir el sentimiento nacional catalán. Por suerte para el país, muchos hijos y nietos de aquellos inmigrantes se consideran catalanes por los cuatro costados, son catalanoparlantes y

defienden la cultura, la historia y el sentimiento catalán con el mismo ardor que lo hicieron Macià o Companys en su momento. Ante esta actitud, en 1971, el Consejo Nacional del Movimiento redactaba la ponencia “Defensa de la unidad nacional” de la que extraemos este fragmento:

“Hay que desechar la idea, por estéril, de que la unidad se puede

imponer por la sola enérgica autoridad. Hay que buscar nuevos y

eficaces caminos. Hay que llegar a conocer, descubrir cómo y por qué

se forma la mentalidad del separatista y, conocido este origen, atacar

sagaz, inteligentemente con firme energía sus causas. En este orden, la

atención a la actividad asociativa de todo tipo, al deporte, a las

manifestaciones culturales, etc. parece fundamental. (...) Las masas

inmigrantes del campo a los centros industriales vascos y catalanes, en

medio de un ambiente lingüístico hostil, pueden convertirse en

compañeros de viaje de un separatismo disgregador. (...) Debemos

impulsar la implantación de "CASAS Y CENTROS REGIONALES" para

evitar que los emigrantes, que vienen esforzándose por el

engrandecimiento de Cataluña, sean presa del mesianismo de doctrinas

sectarias”.

Es decir, evitar que los españoles emigrados a Catalunya se sintieran catalanes al cabo de pocos años de residir aquí y mantener vivo un españolismo anticatalán dentro de la sociedad catalana.

Poco antes, en 1968, el ministro franquista Manuel Fraga Iribarne, fundador del Partido Popular y posteriormente presidente de Galicia, decía en voz alta lo que muchos españoles pensaban:

"¡Hay que decir español y no castellano! El español es la lengua de

todos. Se ha transformado ya en la lengua de España. (...) Haré todo lo

posible para evitar que se destruya la unidad nacional. Porque Cataluña

fue ocupada por Felipe IV, fue ocupada por Felipe V, que la venció; fue

bombardeada por el general Espartero, que era un general

revolucionario; y la ocupamos en 1939 y estamos dispuestos a ocuparla

tantas veces como sea necesario y para ello estoy dispuesto a coger el

fusil de nuevo. Por consiguiente, ya saben ustedes a qué atenerse , y

aquí tengo el mosquetón para volverlo a utilizar."


En 1973, ETA asesina al presidente del gobierno español, el almirante Carrero Blanco, y Franco muere en 1975. El franquismo está decapitado y el nuevo presidente del gobierno español Adolfo Suárez, con el apoyo del rey Juan Carlos I, inicia el proceso de transición hacia la democracia para no perder el tren del mundo occidental. Se lleva a cabo un referéndum para que los ciudadanos del estado decidan si desean esta reforma política.  Tras el triunfo del “Sí”, se redacta una constitución que es sometida de nuevo a referéndum.

De la misma forma, en Catalunya debería haberse convocado un referéndum para saber si los catalanes deseábamos la autonomía y, luego, redactar un estatuto de autonomía que también debería ser sometido a la aprobación de los ciudadanos. Pero en lugar de eso, se realizó una sola consulta popular sometiendo directamente el estatuto a referéndum. De esta manera, a pesar que muchos catalanes consideraban el texto claramente insuficiente, pocos se atrevieron a votar en contra porqué la victoria del NO podría ser falsamente interpretada como una oposición a la autonomía de Catalunya. Desde hace 25 años vivimos encorsetados por una constitución redactada bajo la amenaza de un ejército español que, a finales de los años 70, aún no había asimilado el hecho que el franquismo había llegado a su fin. Esta constitución es la misma que no ha permitido a Catalunya tener el nuevo estatuto que el Parlament de Catalunya aprovó el 30 de septiembre de 2005.


En 1977 se llevó a cabo una de las mayores manifestaciones de la historia de Catalunya, en aquel momento se contabilizaron 1 millón de personas, bajo un lema claro, sencillo y directo: SOM UNA NACIÓ. El presidente de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas, regresó para ponerse al frente del restituido gobierno de la Generalitat. Tarradellas había substituido en el cargo al sucesor de Companys, Josep Irla, presidente de la Generalitat que murió en el exilio. En 1981 se celebraron las primeras elecciones catalanas del postfranquismo y fue elegido presidente Jordi Pujol, que se mantuvo en el cargo durante más de 20 años.


En 2003, con el imprescindible apoyo del partido independentista Esquerra Republicana de Catalunya, accedió al cargo el socialista Pasqual Maragall. En esa legislatura el Parlament de Catalunya redactó y aprobó un nuevo Estatuto de Autonomía que fue recortado y amputado en el Congreso de los Diputados español y, posteriormente, cuando el pueblo catalán ya lo había aprobado en referèndum, en 2010 el Tribunal Constitucional Español volvió a amputarlo dejándolo reducido a la mínima expresión. Ese no era el Estatuto que los ciudadanos  catalanes habían votado por lo que se trataba de un auténtico fraude democrático perpetrado en connivencia por los poderes legislativo y judicial españoles.


En 2006, en una muestra evidente de la capacidad de integración del pueblo catalán hacia los inmigrantes, el Parlament de Catalunya había elegido como presidente de la Generalitat al socialista andaluz José Montilla, nuevamente con los votos del partido independentista Esquerra Republicana de Catalunya.

Su legislatura estuvo marcada por la famosa sentencia del Tribunal Constitucional español de 2010 y por la masiva manifestación del pueblo catalán que llenó las calles de Barcelona y marcó el inicio del proceso de independencia que actualmente vive Catalunya.


En 2010 fue elegido presidente de la Generalitat Artur Mas que intentó negociar con el gobierno estatal una maodificación del injusto sistema de financiación catalán. La respuesta fue un NO rotundo por lo que, recogiendo el sentir mayoritario del pueblo catalán, el president Mas solicitó la celebración de un referéndum de independencia como los que sa han llevado a cabo en Québec y Escocia. La respuesta volvió a ser un NO acompañado de amenazas de condenas judiciales.

El 27 de septiembre de 2015 se van a celebrar una elecciones autonómicas con carácter plebiscitario. Es decir, los partidos favorables a la independencia de Catalunya se presentan agrupados en dos candidaturas y, en caso de obtener la mayoría absoluta respaldada por los votos del pueblo catalán iniciaran el proceso legal para proclamar la Independecnia en un periodo máximo de 18 meses.